Desde el principio supe que solo serías una mitad, eres media luna. Debo decirte que estoy muy vacía, para llenar todos mis espacios se necesita entregarme todo, pero tú y tus migajas al menos ocuparon un pequeño rincón. No fuiste un sol, pero si una luz.
Quiero pensar que esta es la última vez que te escribo.
Debe ser la última vez.
¿Salud mental? Por supuesto que no, ya que en mi cabeza siempre te he puesto límites: Hay fibras que nunca llegaste a tocar. Pero siempre estuviste por ahí, casi rozándolas, pero yo no quitaba los ojos de ti y estaba lista para impedir que te acercaras a mi alma, porque el tiempo y el reflejo me hicieron conocerte poco a poco y entendí que no eras ese tipo de persona que sabe tratar los sentimientos que le entregan. Y yo, tan ególatra jamás hubiera permitido que te quedaras con una parte de mí sin que antes me entregaras buena parte de tu ser. Soy así. Y tú eres como eres.
Para serte honesta, siempre quise entregarte más, pero tú siempre encontrabas la manera de quitarme las ganas con tus actos insensatos y desconsiderados. Observo en silencio tu forma de pisotear a los demás para obtener lo que quieres y me estremecí imaginando que me haces algo así a mí. Yo no soy ese lado de la moneda. Hubiera querido que las cosas fueran diferentes, hubiera querido decir adiós, pero con temor a que tú lo vieras como cualquier cosa, he decidido guardármelo todo y venir a escribirlo a solas, imaginando tu cara si leyeras este escrito destinado para ti. Ni si quiera me atrevo a mostrarte lo que pienso, porque me temo que te acomodé en mis peores conceptos y si pienso algo malo, me convenzo de que tratándose de ti puede ser doblemente terrible: Siempre me hiciste esperar lo peor, y al saber que eres un abúlico con todos a tu alrededor, decido no esperar que conmigo sea diferente, y vaya, un maestro en la mentira o si no mientes, al menos sabes que hay cosas que de ninguna manera debes decir; pareces descarado pero sin embargo siempre tienes bajo la manga secretos aún peores. Si leyeras esto puedo esperar que te importe, o puedo esperar que te rías del lugar que te doy, mientras tú tal vez ni si quiera te acuerdas de mí. Sin embargo, no puedo arrepentirme de los ratitos que pasamos, pero si de haber dejado que poco a poco y contra mi voluntad, te instalaras en un buen lugar en mi cabeza, de hecho las voces a veces no dejaban de hablarme de ti, por más que quería que se callasen, ¡Tu nombre muchas veces estuvo prohibido! Y que todas las palabras lindas que llegabas a decirme me dejaban un sabor agridulce; No sabía si alegrarme o ser indiferente porque todo podría ser mentira o una de esas cosas tan vacías e hipócritas que llegué a oírte decir un par de veces con algunas otras mujeres. Porque aunque no lo quiera y aunque no deba, nunca se me va a olvidar, porque quise usar tu cuerpo como objeto y sin querer me fui quedando con un poco de tu esencia y sin pretenderlo, te ganaste un pedazo de la poca consideración que me quedaba y del poco cariño que mi frío carácter me permite dar. Eres esa persona que me causaba un sentimiento extraño: No te quería a mi lado, pero tampoco te quería a lado de nadie más. Simplemente, me gusta que estés ahí. Un buen candidato para enamorarme, pero que raramente sabía de antemano que nada bueno me iba a traer. Es curioso, porque no fue ni por actos, ni por palabras, solo ser tú empezó a inquietar mis estables y ordenados no-sentimientos que tenía hacia ti. También me haces sentir una molesta sensación de equiparar con tu carácter y por eso supongo que eres igual de mentiroso e insensible que yo. Si, temo que el mundo esté infestado de gente como yo y me da miedo que tú seas uno de nosotros y yo termine como una tonta dejándome caer en una de esas series de engaños que yo conozco bien. ¿Ahora en qué se convirtió todo esto? En un par de sensaciones raras que nunca quise sentir porque tú, no mereces importarle a nadie. Mucho menos a mí. Te prometo que se me va a quitar, pero no te diré que voy a olvidarte, y me ayuda mucho que estemos a cientos de kilómetros. De nada por complacer tu ego escribiendo esto, aunque me quedo con la satisfacción de nunca haberte dado demasiado.
jueves, 16 de julio de 2015
lunes, 13 de julio de 2015
Magnesio.
El colmo del colmo.
Este fin de semana fue demasiado extraño, pero bonito de cierta manera. Acabo de llegar de un retiro espiritual para alcohólicos, estuve unos días. Después de algunos pasos, el terapeuta concluyó y me convenció de que tenía un gran problema en mi vida: Daniel.
Nunca pensé que conocerlo me dejara tan traumada, pero al parecer, así fue, por lo tanto, como parte de mi recuperación, he ''terminado'' con el para siempre. Al llegar del retiro, abrí mi Facebook y tenía muchos mensajes suyos, buscándome y pidiendo que lo viera, como siempre. No me había hecho nada en ese momento, como otras veces, pero, el daño en general avala que lo mande a volar. Lo hice de la manera más firme y dura que pude, por chat, claro. Era la primera vez que era tan directa. No me sentí mal, supe que era por mi bien y que estaba siendo fuerte. Y si, estuve tres semanas sobria y limpia, sin embargo, sus mensajes empezaron un día a llegar con insistencia, el quería mi ayuda. Muy molesta, lo bloquee, me arrepentí, y cuando quise preguntar que sucedía, (igual y la curiosidad), ya era tarde.
Sin duda la noticia que averigüé me dejó ansiosa y preocupada. Ahora, las noches de insomnio fueron aún peores, ya que amanecía con los dedos hechos pedazos de tanto morder. Tenía que hablar con el, tenía que preguntarle la gravedad del asunto, pero, desgraciadamente, dos días seguidos no llegué a tiempo, justo a la hora de visitas en el reclusorio, pero no pararía hasta verlo.
Al fin pude hacerlo y el estaba allí, saliendo del pasillo con su uniforme de presidiario, sus ojos estaban hundidos, estaba más ojeroso y triste que nunca, su piel estaba reseca y su barba estaba larga. Cuando me vio, me abrazó con ternura, sin mucho drama. Su cara había cambiado un poco y lucía áspera. Me explicó que era un poco complicado, pero que con ayuda de su abogado y sus padres, no demoraría en salir, y me relajó mucho que me asegurara que no había nada que me involucrara, así que, me fui de ahí con un sabor de boca agridulce. No sé si me sentí mal o qué tan preocupada estuve por Daniel, solo sé que esos 4 meses no hice más que recaer y volver a drogarme y a beber como una desquiciada. No sé si era una especie de lealtad escondida, pero no salí ni hablé con ningún hombre y me dediqué a buscar chicas, bueno, no tienen pene, quiero pensar que no cuenta.
Los temblores y las sudoraciones regresaron, mis articulaciones volvían a contraerse y los alimentos volvieron a ser olvidados. Mi cara se volvió a demacrar y mis labios estaban secos, mi deshidratación era increíble, ya que encima de no comer por días, apenas lo hacía y corría por un poco de polvo de sulfato de magnesio, el cual disuelto en agua, se convierte en la bebida más asquerosa y repugnante que alguna vez pude tomar. Solo de recordarlo, no puedo evitar hacer muecas.
Cierto día no pude más y tuve que decirles a mis padres que mi corazón latía demasiado fuerte y lento, me estaba mareando y no podía respirar, así que fui llevada a urgencias y cuando me di cuenta, de nuevo tenía la mascarilla para respirar y el montón de mangueritas saliendo de todas partes de mi cuerpo. Mi madre estaba a lado y al preguntarle que pasaba, me respondió que todo había sido culpa del exceso de magnesio que había tomado últimamente, y que una bolsita o unos minutos más pudieron haber acabado en un paro cardíaco. Wow. Ah, y que probablemente iba a necesitar otra maldita manguera saliendo de mi riñón y traspasando mi abdomen, por si no lograban limpiar toda esta mierda, Algunos días estuve allí, y por último, un oportuno antidoping.
Sería más fácil explicar que maldita droga no encontraron, así que mis padres me mandaron a una nueva clínica a que recibiera terapia, por un tiempo me sirvió, o mejor dicho, actuaba bien, como si estuviera sobria, sin embargo, mi maldita compañera quiso hacer un hermoso gesto y llamó a mi madre, diciéndole que tenía problemas con la droga aún y no solo eso, si no que le paso nombres y teléfonos de algunos anexos.
Al principio, me enojó que me encerraran. Pero después lo acepté, después de todo solo eran 2 meses y qué podía pasarme, Daniel está en la cárcel y no debe pasarla bien, si haces tonterías es lo que sucede, hay cárcel, anexos y clínicas para nosotros, ya no me importaba nada.
Nunca pensé que conocerlo me dejara tan traumada, pero al parecer, así fue, por lo tanto, como parte de mi recuperación, he ''terminado'' con el para siempre. Al llegar del retiro, abrí mi Facebook y tenía muchos mensajes suyos, buscándome y pidiendo que lo viera, como siempre. No me había hecho nada en ese momento, como otras veces, pero, el daño en general avala que lo mande a volar. Lo hice de la manera más firme y dura que pude, por chat, claro. Era la primera vez que era tan directa. No me sentí mal, supe que era por mi bien y que estaba siendo fuerte. Y si, estuve tres semanas sobria y limpia, sin embargo, sus mensajes empezaron un día a llegar con insistencia, el quería mi ayuda. Muy molesta, lo bloquee, me arrepentí, y cuando quise preguntar que sucedía, (igual y la curiosidad), ya era tarde.
Sin duda la noticia que averigüé me dejó ansiosa y preocupada. Ahora, las noches de insomnio fueron aún peores, ya que amanecía con los dedos hechos pedazos de tanto morder. Tenía que hablar con el, tenía que preguntarle la gravedad del asunto, pero, desgraciadamente, dos días seguidos no llegué a tiempo, justo a la hora de visitas en el reclusorio, pero no pararía hasta verlo.
Al fin pude hacerlo y el estaba allí, saliendo del pasillo con su uniforme de presidiario, sus ojos estaban hundidos, estaba más ojeroso y triste que nunca, su piel estaba reseca y su barba estaba larga. Cuando me vio, me abrazó con ternura, sin mucho drama. Su cara había cambiado un poco y lucía áspera. Me explicó que era un poco complicado, pero que con ayuda de su abogado y sus padres, no demoraría en salir, y me relajó mucho que me asegurara que no había nada que me involucrara, así que, me fui de ahí con un sabor de boca agridulce. No sé si me sentí mal o qué tan preocupada estuve por Daniel, solo sé que esos 4 meses no hice más que recaer y volver a drogarme y a beber como una desquiciada. No sé si era una especie de lealtad escondida, pero no salí ni hablé con ningún hombre y me dediqué a buscar chicas, bueno, no tienen pene, quiero pensar que no cuenta.
Los temblores y las sudoraciones regresaron, mis articulaciones volvían a contraerse y los alimentos volvieron a ser olvidados. Mi cara se volvió a demacrar y mis labios estaban secos, mi deshidratación era increíble, ya que encima de no comer por días, apenas lo hacía y corría por un poco de polvo de sulfato de magnesio, el cual disuelto en agua, se convierte en la bebida más asquerosa y repugnante que alguna vez pude tomar. Solo de recordarlo, no puedo evitar hacer muecas.
Cierto día no pude más y tuve que decirles a mis padres que mi corazón latía demasiado fuerte y lento, me estaba mareando y no podía respirar, así que fui llevada a urgencias y cuando me di cuenta, de nuevo tenía la mascarilla para respirar y el montón de mangueritas saliendo de todas partes de mi cuerpo. Mi madre estaba a lado y al preguntarle que pasaba, me respondió que todo había sido culpa del exceso de magnesio que había tomado últimamente, y que una bolsita o unos minutos más pudieron haber acabado en un paro cardíaco. Wow. Ah, y que probablemente iba a necesitar otra maldita manguera saliendo de mi riñón y traspasando mi abdomen, por si no lograban limpiar toda esta mierda, Algunos días estuve allí, y por último, un oportuno antidoping.
Sería más fácil explicar que maldita droga no encontraron, así que mis padres me mandaron a una nueva clínica a que recibiera terapia, por un tiempo me sirvió, o mejor dicho, actuaba bien, como si estuviera sobria, sin embargo, mi maldita compañera quiso hacer un hermoso gesto y llamó a mi madre, diciéndole que tenía problemas con la droga aún y no solo eso, si no que le paso nombres y teléfonos de algunos anexos.
Al principio, me enojó que me encerraran. Pero después lo acepté, después de todo solo eran 2 meses y qué podía pasarme, Daniel está en la cárcel y no debe pasarla bien, si haces tonterías es lo que sucede, hay cárcel, anexos y clínicas para nosotros, ya no me importaba nada.
martes, 7 de julio de 2015
Triángulo de cuates.
Era el sexto mes en ese lugar frío y triste. Justo la mitad de mi estancia. Estaba ya cansada de mi cuarto color naranja, mi catre y mi vieja mesa apolillada. Parece que alguien había escuchado mi petición, y me cambiaron de lugar esa tarde. La construcción de la clínica era enorme, y a mi me tocaba estar en ''la casa amarilla'', que era una parte del lugar, donde no había más que habitaciones y un enorme comedor. Era el hogar de los que se obsesionan con la comida y sus derivados. Donde estaba yo. Pero esa tarde, mi habitación individual sería ocupada y fui enviada a los dormitorios. Debo agregar que ahora ya no quedaba nada de la esquelética niña que había llegado allí seis meses atrás, no, hoy ya era alguien con mejor apariencia, sana, fuerte, con carnes en el cuerpo. Había aumentado unos veinte kilos y al fin pesaba alrededor de 50.
Pasé al área general de la clínica, la cual no estaba especializada en trastornos alimenticios, ahí había de todo, gente rara, demente y orate. Nos sacaban al jardín...¿Jardín? No sé si se le pueda llamar ''jardín'' a la jaula gris en la que teníamos que vivir. Un enorme patio con las bardas altas, cerca electrificada y techo cubierto con una especie de malla-domo donde no se podía ver si quiera la luz del sol...Sin conocer a nadie llegué, ni si quiera a los enfermeros. Estaba asustada, los ojos de las personas reflejaban locura, sus actitudes parecían perturbadoras, no hablaban más que sandeces, hasta sus movimientos se veían desequilibrados, no tenían los pies sobre la tierra. Me sentía ajena al lugar.
Al llegar el almuerzo, vi como algunos eran exageradamente ayudados por los enfermeros, hasta que reparé en una mesa del fondo: ocho personas, sentadas, conversando, comiendo como si nada... Y lo miré por primera vez... Tenía tatuajes hasta en su cuello, tenía el cabello rizado y enmarañado, era blanco y pecoso como el papel, pero sus rasgos eran demasiado atractivos. Y era delgado. Alto. Serio. Se veía tan... cuerdo. Como nadie a mi alrededor.
Fue entonces cuando volví a mi realidad y reparé de la repulsiva comida que había en mi plato.
Nunca olvidaré ese asqueroso día. Las papas, estaban babosas. Los frijoles tenían moho, era miércoles de hígado, no podía ni si quiera descifrar de qué animal era ese hígado, todo era un asco, en resumen, todo en ese plato sabía como si chupase una piedra vieja. Era desperdicio. Estaba echado a perder. No me acabé la comida, a penas y la toqué. Y si creía que me había librado de los licuados engordadores estaba muuuy equivocada, ya que la enfermera llegó con mi mismo gran vaso de siempre.
-¿Ya no quieres seguir comiendo? - Preguntó la enfermera.
-No.
-¿Motivo?
-Está todo pasado, lo siento, no aguanto el sabor, es horrible.
-Está bien. No te pares de la mesa, espera.
La bruja se alejó sin decir nada, Creí que me traería algo decente que comer... regresó con mi plato lleno de desperdicio otra vez. Me obligó a comérmelo y naturalmente, me negué.
Ese día me pegaron 17 veces con un cable. Nadie nunca me había hecho eso. Me encerraron un día completo sin salir al baño, me dejaron sola en la habitación con solo una cubeta. Y al otro día me sacaron, pero antes de poder salir de ahí, me llevaron, claro, otro plato lleno de desperdicio y me dijeron que me lo tenía que comer o recibiría otro encierro y otros 17 golpes. Era la tradición. Había que obedecer, comer o te darían lo doble, hacer caso en absolutamente todo o ese sería mi castigo.
Terminé comiéndome toda esa mierda. Probablemente si era mierda.
Estaba demasiado retraída y triste. Mi único entretenimiento era ver al chico guapo que de vez en cuando se cruzaba en mi camino. Nunca me miraba, parecía siempre tan distraído, clavaba la mirada en un solo lado, no hablaba. Y yo tampoco me atrevía a hablarle.
Siempre estaba sentado en la mesa de los cuerdos. Pronto formé parte de la mesa gracias a Fer, la chica de la mesa, quien era hermana del chico que me gustaba. Habían nacido al mismo tiempo, eran cuates y eran atractivos. Y drogadictos. Con serios problemas. Fer era alegre, pero sin embargo, parecía perturbada, como asustada, paranoica y se me hacía demasiado extravagante y escandalosa. Como un payaso de circo. Odio los payasos. Todo lo contrario a su hermano. Me lo presentó y pareció que por primera vez nuestras miradas se atravesaron. Su nombre, era Fran. Parecía amable, pero demasiado tranquilo e inexpresivo. Parecía tener el cuerpo apagado pero la mente trabajando.
Debo admitir que estuve casi un mes tratando de acercarme a Fran, pero el parecía no tener interés si quiera en hablarme. Pasemos a otra historia: su hermana. Lesbiana o fogosa. Pero yo, juraba, que era heterosexual al 100% antes de que ella llegara. Contrabandeaba de todo para mí, me regalaba porros, cigarrillos, dulces... la encontraba atractiva, pero sin embargo, no se me cruzaba por la cabeza acercarme a ella con fines sexuales. Pero ella parecía coquetearme y se me insinuaba, y yo le seguía el juego, porque a pesar de aborrecer su chillona voz y su explosivo carácter, con ella nunca me faltaban porros ni algo decente que comer. Comencé a soportarla a tal grado de acostumbrarme. Hacía lo que fuera para bloquear mentalmente mis oídos y me concentraba en sus pechos blancos y redondos para dejar de escuchar su molesta voz. Su plática aburrida. Tanto, que llegué a preferir que me besara con tal de que dejara de hablar. Me di cuenta que si la mantenía ocupada dándome placer se callaba la boca. Nos escondíamos en cualquier rincón. Ella al parecer me quería de verdad y se pasaba el día hablando de cuando saliéramos del horrible lugar. Hacía planes para nosotras e incluso hablaba de como iba a ayudarme a salir del clóset. Debo decir que por dentro me estaba muriendo de risa. Nada de eso iba a pasar. Yo la detestaba. Solo quería sus obsequios y usarla, pero ella no se daba cuenta. Fue en uno de esos días, cuando castigaron a Fer y la encerraron, en la mesa de los cuerdos, comía con desgano. Era miércoles. El hígado esta vez era de pollo. Me habían servido un costillar de pollo. Hervido y echado a perder, maloliente, junto con habas asquerosas, la comida apestaba más de lo normal y con gran esfuerzo traté de comer, sin embargo, las arcadas podían más y ese día las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
-¿Por qué lloras?- Preguntó Tomy, alguien de la mesa.
-Me siento muy miserable por tener que comerme esto. No sabes cuanto lo odio.
Fran no dijo nada y tomo mi plato y lo vació al suyo, dejándome solo el arroz.
-Odio el arroz. - Me dijo, y me sonrío como nunca me había sonreído. Creo que nunca lo había visto sonreír...Se comió mi asquerosa comida y yo como tonta estaba emocionada por dentro después de aquella cosa... Ese día para el colmo me tocó lavar los platos. Eran 100 platos y unos 400 cubiertos, decenas de vasos... me ocupaba casi todo el día. Fran se ofreció a ayudarme. Me pregunto si en ese momento se habrá notado mucho el brillo de mis ojos... Y, en la romántica escenografía de una mugrosa cocina llena de ratas y cucarachas, con las manos llenas de porquerías y un olor a mierda, Fran y yo nos besamos entre lavada y lavada... y ridiculamente quedé flechada y comencé a obsesionarme con la brillante personalidad de Fran. Siempre estaba moviendo los dedos como si tocara el piano o la guitarra. Sus ojos miraban siempre a la nada y me sentía afortunada cuando me miraban a mí con esa intensidad. Primero conocí sus besos y luego lo conocí a el un poco. No me hablaba mucho, solo decía ''me gustas'' y de vez en cuando revelaba algún dato sobre el. Y de momento, platicaba por horas y me contaba historias increíbles. Había pasado por cosas horribles. Igual su hermana. Fran dejaba de hablar de momento, y, cuando parecía a punto de contarme algo relevante su voz empezaba a cortarse y se le hacía un nudo en la garganta. Sus ojos se empezaban a llenar de agua y me decía que quería contármelo, pero no podía, empezaba a temblar. Lo abrazaba y le decía que no importaba. Dejé de pasar tiempo con la ilusa de Fer, y ella me hacía drama y medio porque le parecía extraño que ya apenas y la viera. Sin embargo, seguía teniendo mis regalos y seguía fingiendo que la quería sin decir una palabra sobre su hermano. Ella no se daba cuenta y seguía hablando de todo lo que haríamos cuando saliéramos.
Faltaba una semana para salir. Trajeron el pastel desde ese día para dejar que se echara a perder, como todo lo que nos daban, para no perder la costumbre. Provoqué a la loca grandulona para que Fer me defendiera, solo para entretenerme. Sin embargo, Catalina, la grandulona, se le fue la mano y le destrozó la boca a Fernanda, quien pasó en tratamiento tres días, cosa que me favoreció, ya que pude escabullirme con su hermano aún más. El era divertido e interesante a la vez. Era bueno en todo. Me sentía incluso triste al saber que lo dejaría de ver. El día de la salida llegó, la reunión se preparó y el pastel agrio se sirvió. Fer aún no salía. Ella y yo solíamos ir a un triángulo que quedaba entre dos habitaciones, en la parte de afuera, nadie entraba allí, íbamos para allá y era nuestro lugar de reunión, ella decía que era nuestro cuarto nupcial. Esa vez estaba ahí, pero no con ella, si no con Fran. Alguien debió habernos visto, o no sé, pero Fer llegó y nos descubrió. Se puso como loca
-¡Eres una puta! ¡Una basura! ¡Mentirosa! -Me gritó unas cuantas veces.
Fue perdiendo la razón poquito a poco y ataco a su hermano con un lápiz. Cabe agregar que ella no salió ese día de la clínica.
Pasé al área general de la clínica, la cual no estaba especializada en trastornos alimenticios, ahí había de todo, gente rara, demente y orate. Nos sacaban al jardín...¿Jardín? No sé si se le pueda llamar ''jardín'' a la jaula gris en la que teníamos que vivir. Un enorme patio con las bardas altas, cerca electrificada y techo cubierto con una especie de malla-domo donde no se podía ver si quiera la luz del sol...Sin conocer a nadie llegué, ni si quiera a los enfermeros. Estaba asustada, los ojos de las personas reflejaban locura, sus actitudes parecían perturbadoras, no hablaban más que sandeces, hasta sus movimientos se veían desequilibrados, no tenían los pies sobre la tierra. Me sentía ajena al lugar.
Al llegar el almuerzo, vi como algunos eran exageradamente ayudados por los enfermeros, hasta que reparé en una mesa del fondo: ocho personas, sentadas, conversando, comiendo como si nada... Y lo miré por primera vez... Tenía tatuajes hasta en su cuello, tenía el cabello rizado y enmarañado, era blanco y pecoso como el papel, pero sus rasgos eran demasiado atractivos. Y era delgado. Alto. Serio. Se veía tan... cuerdo. Como nadie a mi alrededor.
Fue entonces cuando volví a mi realidad y reparé de la repulsiva comida que había en mi plato.
Nunca olvidaré ese asqueroso día. Las papas, estaban babosas. Los frijoles tenían moho, era miércoles de hígado, no podía ni si quiera descifrar de qué animal era ese hígado, todo era un asco, en resumen, todo en ese plato sabía como si chupase una piedra vieja. Era desperdicio. Estaba echado a perder. No me acabé la comida, a penas y la toqué. Y si creía que me había librado de los licuados engordadores estaba muuuy equivocada, ya que la enfermera llegó con mi mismo gran vaso de siempre.
-¿Ya no quieres seguir comiendo? - Preguntó la enfermera.
-No.
-¿Motivo?
-Está todo pasado, lo siento, no aguanto el sabor, es horrible.
-Está bien. No te pares de la mesa, espera.
La bruja se alejó sin decir nada, Creí que me traería algo decente que comer... regresó con mi plato lleno de desperdicio otra vez. Me obligó a comérmelo y naturalmente, me negué.
Ese día me pegaron 17 veces con un cable. Nadie nunca me había hecho eso. Me encerraron un día completo sin salir al baño, me dejaron sola en la habitación con solo una cubeta. Y al otro día me sacaron, pero antes de poder salir de ahí, me llevaron, claro, otro plato lleno de desperdicio y me dijeron que me lo tenía que comer o recibiría otro encierro y otros 17 golpes. Era la tradición. Había que obedecer, comer o te darían lo doble, hacer caso en absolutamente todo o ese sería mi castigo.
Terminé comiéndome toda esa mierda. Probablemente si era mierda.
Estaba demasiado retraída y triste. Mi único entretenimiento era ver al chico guapo que de vez en cuando se cruzaba en mi camino. Nunca me miraba, parecía siempre tan distraído, clavaba la mirada en un solo lado, no hablaba. Y yo tampoco me atrevía a hablarle.
Siempre estaba sentado en la mesa de los cuerdos. Pronto formé parte de la mesa gracias a Fer, la chica de la mesa, quien era hermana del chico que me gustaba. Habían nacido al mismo tiempo, eran cuates y eran atractivos. Y drogadictos. Con serios problemas. Fer era alegre, pero sin embargo, parecía perturbada, como asustada, paranoica y se me hacía demasiado extravagante y escandalosa. Como un payaso de circo. Odio los payasos. Todo lo contrario a su hermano. Me lo presentó y pareció que por primera vez nuestras miradas se atravesaron. Su nombre, era Fran. Parecía amable, pero demasiado tranquilo e inexpresivo. Parecía tener el cuerpo apagado pero la mente trabajando.
Debo admitir que estuve casi un mes tratando de acercarme a Fran, pero el parecía no tener interés si quiera en hablarme. Pasemos a otra historia: su hermana. Lesbiana o fogosa. Pero yo, juraba, que era heterosexual al 100% antes de que ella llegara. Contrabandeaba de todo para mí, me regalaba porros, cigarrillos, dulces... la encontraba atractiva, pero sin embargo, no se me cruzaba por la cabeza acercarme a ella con fines sexuales. Pero ella parecía coquetearme y se me insinuaba, y yo le seguía el juego, porque a pesar de aborrecer su chillona voz y su explosivo carácter, con ella nunca me faltaban porros ni algo decente que comer. Comencé a soportarla a tal grado de acostumbrarme. Hacía lo que fuera para bloquear mentalmente mis oídos y me concentraba en sus pechos blancos y redondos para dejar de escuchar su molesta voz. Su plática aburrida. Tanto, que llegué a preferir que me besara con tal de que dejara de hablar. Me di cuenta que si la mantenía ocupada dándome placer se callaba la boca. Nos escondíamos en cualquier rincón. Ella al parecer me quería de verdad y se pasaba el día hablando de cuando saliéramos del horrible lugar. Hacía planes para nosotras e incluso hablaba de como iba a ayudarme a salir del clóset. Debo decir que por dentro me estaba muriendo de risa. Nada de eso iba a pasar. Yo la detestaba. Solo quería sus obsequios y usarla, pero ella no se daba cuenta. Fue en uno de esos días, cuando castigaron a Fer y la encerraron, en la mesa de los cuerdos, comía con desgano. Era miércoles. El hígado esta vez era de pollo. Me habían servido un costillar de pollo. Hervido y echado a perder, maloliente, junto con habas asquerosas, la comida apestaba más de lo normal y con gran esfuerzo traté de comer, sin embargo, las arcadas podían más y ese día las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
-¿Por qué lloras?- Preguntó Tomy, alguien de la mesa.
-Me siento muy miserable por tener que comerme esto. No sabes cuanto lo odio.
Fran no dijo nada y tomo mi plato y lo vació al suyo, dejándome solo el arroz.
-Odio el arroz. - Me dijo, y me sonrío como nunca me había sonreído. Creo que nunca lo había visto sonreír...Se comió mi asquerosa comida y yo como tonta estaba emocionada por dentro después de aquella cosa... Ese día para el colmo me tocó lavar los platos. Eran 100 platos y unos 400 cubiertos, decenas de vasos... me ocupaba casi todo el día. Fran se ofreció a ayudarme. Me pregunto si en ese momento se habrá notado mucho el brillo de mis ojos... Y, en la romántica escenografía de una mugrosa cocina llena de ratas y cucarachas, con las manos llenas de porquerías y un olor a mierda, Fran y yo nos besamos entre lavada y lavada... y ridiculamente quedé flechada y comencé a obsesionarme con la brillante personalidad de Fran. Siempre estaba moviendo los dedos como si tocara el piano o la guitarra. Sus ojos miraban siempre a la nada y me sentía afortunada cuando me miraban a mí con esa intensidad. Primero conocí sus besos y luego lo conocí a el un poco. No me hablaba mucho, solo decía ''me gustas'' y de vez en cuando revelaba algún dato sobre el. Y de momento, platicaba por horas y me contaba historias increíbles. Había pasado por cosas horribles. Igual su hermana. Fran dejaba de hablar de momento, y, cuando parecía a punto de contarme algo relevante su voz empezaba a cortarse y se le hacía un nudo en la garganta. Sus ojos se empezaban a llenar de agua y me decía que quería contármelo, pero no podía, empezaba a temblar. Lo abrazaba y le decía que no importaba. Dejé de pasar tiempo con la ilusa de Fer, y ella me hacía drama y medio porque le parecía extraño que ya apenas y la viera. Sin embargo, seguía teniendo mis regalos y seguía fingiendo que la quería sin decir una palabra sobre su hermano. Ella no se daba cuenta y seguía hablando de todo lo que haríamos cuando saliéramos.
Faltaba una semana para salir. Trajeron el pastel desde ese día para dejar que se echara a perder, como todo lo que nos daban, para no perder la costumbre. Provoqué a la loca grandulona para que Fer me defendiera, solo para entretenerme. Sin embargo, Catalina, la grandulona, se le fue la mano y le destrozó la boca a Fernanda, quien pasó en tratamiento tres días, cosa que me favoreció, ya que pude escabullirme con su hermano aún más. El era divertido e interesante a la vez. Era bueno en todo. Me sentía incluso triste al saber que lo dejaría de ver. El día de la salida llegó, la reunión se preparó y el pastel agrio se sirvió. Fer aún no salía. Ella y yo solíamos ir a un triángulo que quedaba entre dos habitaciones, en la parte de afuera, nadie entraba allí, íbamos para allá y era nuestro lugar de reunión, ella decía que era nuestro cuarto nupcial. Esa vez estaba ahí, pero no con ella, si no con Fran. Alguien debió habernos visto, o no sé, pero Fer llegó y nos descubrió. Se puso como loca
-¡Eres una puta! ¡Una basura! ¡Mentirosa! -Me gritó unas cuantas veces.
Fue perdiendo la razón poquito a poco y ataco a su hermano con un lápiz. Cabe agregar que ella no salió ese día de la clínica.
martes, 28 de abril de 2015
Loca en abril
Una tarde de abril, siempre en abril empieza todo, es el mes donde hay algunas fatalidades, no me gusta abril. Es un clima demasiado caluroso a veces. Es un mes de Dios y de iglesia, y un mes más que me recuerda que el 30 de abril ya no se celebra porque desgraciadamente, ya no soy una niña. Así que, siempre se vuelve difícil y nada lo frena, desde la vez que pasó algo tan trágico que preferiría omitir. Trágico a la escala de problemas de la infancia, o sea no demasiado grave, pero desagradable aún así. Ese día descubrió la sangre. Todo empezo en Marzo, cuando la estafaron a finales y se burlaron de ella a la cara, le robaron su dinero bajo un engaño y ella estaba demasiado molesta. Maldito borracho apestoso, percudido y feo. Lo odié y desde que entró me cayó mal. Logró quitarme mi dinero y no fue hasta abril que volví a verlo a lado de la tienda reparando un auto, tomando de una botella de tequila. Sin pensar mucho en las consecuencias, recordé mi enojo y la furia se acumulo en mi cuerpo, el tipo al verme acercar se empezó a burletear junto con sus amigos, el tipo se intentó levantar y me golpeó, y, al acercarse, tomé la botella, la rompí en la pared y antes de que el pudiera quitársela, se la clavé fuertemente en el abdomen. La sangre empezó a salir por la boquilla a chorros, y no pude hacer más que reír ante su cara de susto y sus amigos ayudándolo y llevándolo al hospital, miraron a la loca, horrorizados y uno antes de irse me dijo: ''Tendrás problemas''. Me fui a mi casa con los ojos muy abiertos, no sabía qué hacer, en el camino casi me atropellan, me pasé como tonta y el auto logró rozarme la frente y el brazo. Me dejó moretones y muy asustada, diablos, un poco menos de suerte y estaría muerta o sin pierna, tomé un taxi y me bajé en la esquina de mi casa porque encontré mi salvación; Daniel. Caminando por la calle, solo. Con sus ojos verdes, su nariz fría y su barba.
-¡Hola!
-Hola, Daniel. - Le dije, seriamente.
-¿Sigues molesta conmigo?
-No estoy molesta.
-Me eliminaste de todas tus redes sociales, dejaste de hablarme por completo. Perdiste tu celular, otra vez.
-Pues, quería ver si te importaba.
-Estoy esperando a que me digas algo, no sabía qué estaba pasando contigo, te veías cada vez más distante. Creí que estabas confundida.
-Soy una persona confundida, y... de verdad, acabo de... (Interior dama 1: ''¿Qué diablos estás haciendo, estúpida? ¿De qué te sirve delatarte con este? Mejor ve y búscate un abogado o algo. O simplemente espera'') . Las voces empezaron a insultarme y se me taparon los oídos. Me zumbaron y empecé a escuchar derepente solo las voces interiores, las del gangoso, la dama uno y dos, y la de samuel. Vi a Daniel a los ojos y no pude sostenerle la mirada, era insoportable, empecé a verlo transformado en samuel, me daban ganas de alterarme y ponerme a llorar, pero me tranquilicé y le dije;
-Bueno, un gusto verte, ya me voy.
-Tienes algo extraño, ¿Qué consumiste?- Preguntó.
-Nada... solo tengo sueño. Adiós.
Y le di un beso en la mejilla y me fui de de prisa a su casa, no había nadie. Buscó sus pastillas, las hizo polvo con ayuda de un cutter y las inhaló.
Aún asi, me costaba tanto trabajo controlar la ansiedad que me provocaba solo pensar en un atropellamiento, vi mi muerte una y otra vez de mil formas distintas con su horrible descenlase cada una. Tuve que tomar varias infunsiones de té con gotas para dormir y más clonazepam. Al fin me dormí y cuando desperté me di cuenta de que todo fue un sueño y nunca lastimé a nadie.
-¡Hola!
-Hola, Daniel. - Le dije, seriamente.
-¿Sigues molesta conmigo?
-No estoy molesta.
-Me eliminaste de todas tus redes sociales, dejaste de hablarme por completo. Perdiste tu celular, otra vez.
-Pues, quería ver si te importaba.
-Estoy esperando a que me digas algo, no sabía qué estaba pasando contigo, te veías cada vez más distante. Creí que estabas confundida.
-Soy una persona confundida, y... de verdad, acabo de... (Interior dama 1: ''¿Qué diablos estás haciendo, estúpida? ¿De qué te sirve delatarte con este? Mejor ve y búscate un abogado o algo. O simplemente espera'') . Las voces empezaron a insultarme y se me taparon los oídos. Me zumbaron y empecé a escuchar derepente solo las voces interiores, las del gangoso, la dama uno y dos, y la de samuel. Vi a Daniel a los ojos y no pude sostenerle la mirada, era insoportable, empecé a verlo transformado en samuel, me daban ganas de alterarme y ponerme a llorar, pero me tranquilicé y le dije;
-Bueno, un gusto verte, ya me voy.
-Tienes algo extraño, ¿Qué consumiste?- Preguntó.
-Nada... solo tengo sueño. Adiós.
Y le di un beso en la mejilla y me fui de de prisa a su casa, no había nadie. Buscó sus pastillas, las hizo polvo con ayuda de un cutter y las inhaló.
Aún asi, me costaba tanto trabajo controlar la ansiedad que me provocaba solo pensar en un atropellamiento, vi mi muerte una y otra vez de mil formas distintas con su horrible descenlase cada una. Tuve que tomar varias infunsiones de té con gotas para dormir y más clonazepam. Al fin me dormí y cuando desperté me di cuenta de que todo fue un sueño y nunca lastimé a nadie.
D.
Te imaginé tantas veces. Te pensé muy poco como en realidad eras. Cada vez que en mi cerebro tu nombre se quería asomar, lo cubría mentalmente, te evadía. Un ser muy egoísta como para que yo, tan ingenuamente, le entregara lo único que me pertenecía, mi cabeza, mis sentimientos. No perdería la cabeza por ti. No me perdería entre tus bosques, enredados, catastróficos. Eres igual a mí. Un desorden. Un loco. Psicótico. Con esos ojos, del color del pasto. Siempre estaré fascinada con esos ojos. Oh, diablos. Nosotros nacimos para conocernos, pero, ¿qué hacer? Somos tan iguales, y tan intensos, que, generalmente tenemos suficiente con nosotros mismos. Pero, eres tú quien hace que alma se sienta en casa. Contigo, también me he arrepentido mil veces de dejar que me conozcas, pero no puedo hacer nada, simplemente, mi interioridad se deja llevar, mis labios solo se mueven y yo no pienso lo suficiente, confío tanto en ti, a pesar de todo, tan transparente, eres tan flexible, tan incauto y honesto, si, he sido mala contigo porque en el fondo sé que podrías hacerme daño. Siempre te recordaré y sé que tú a mí. En algún momento, ambos estaremos pensándonos mutuamente aunque estemos cada quién en un camino. Y, en ese momento, en algún lugar, quizá imaginario, volveremos a estar juntos. Como siempre. Siempre volvemos. En contra de mi voluntad, pero a favor del alma.
Inicio.
La chica se sentó en la banquita y se sintió observada desde el principio. No dijo nada, y sacó, nerviosa, el estuchito de marihuana molida y en una pipa, comenzó a fumar. El chico no quiso fumar nada, el dijo que ya llevaba años absteniéndose y seguían sin irse sus ganas de romper sus estrictas reglas, sin embargo, se negó de nuevo.
-Me pregunto que habrá pasado tan malo como para que en serio hayas decidido dejar todas estas cosas.- Dijo la chica - No para que me lo digas, solo lo imagino.
-¿Qué tan malo? - Dijo el, un poco pensativo -Cuando todo se empieza a venir abajo y ya ni tu madre cree en ti. Cuando dejas de tener eso, es que en serio eres un parásito en la vida. Si no te ve algo bueno ni tu propia madre, el mundo menos.
-Si, el ser humano necesita ser amado y todo empieza por la madre...y también está mal si el mundo se reduce a solo consumir. Por mi parte, a mi me relaja los nervios.
-Todos llegan y tocan su propio fondo... ya llegará el tuyo.
-Buen pronóstico.
-Aunque... ¿Por qué ya no te volví a ver en las terapias?¿Por qué dejaste de ir, flaca? No es que te estés rehabilitando porque está claro que no.
-Recibo tratamiento en otra parte. Recientemente, a penas comienzo. ¿Ya? ¿Feliz?
-¿Ah si? No me digas, y según tú, ¿Dónde?
-Con...doctor.
-¿Psicólogo?
-Mmmm, si.
-¿En dónde?
-En UNP
-¿El manicomio??!
-Solo voy a terapias. TERAPIAS. No estoy encerrada.
-En ese caso, me da gusto que te estés tratando
-Gracias.
Se acercaba demasiado. Ella miraba hacia otros lados. El seguía buscando su mirada, y cuando la tuvo a los ojos empezó a cantarle una serie de rimas inventadas al momento, sin casi silenciarse, acomodó palabras en series y rimas para describirla de una manera fantástica, y en el desenlace empezó a declarar su amor con los ojos medio brillosos, insinuándole en medio de cantos que fuese su pareja. Ella se quedó, en ese momento, sin habla, totalmente conmovida y complacida, sin embargo, se limitó a sonreír y nerviosamente prendió un cigarrillo y volteó a otro lado ante el asombro del chico.
-¿No vas a responderme nada?
-¿Qué puedo decir?
-Mírame a los ojos.
Lo miró.
-Sinceramente, no quiero nada en serio contigo si a eso te refieres, en cuanto a tu canto, que creativa manera y habilidad de usar las palabras y respecto a ti, no quiero darte nada ni tampoco quiero usarte.
Sus ojos, redondos y brillantes se empezaron a cubrir de lágrimas y empezó a llorar y a implorarle que no se alejase de el ni aunque no quisiera ser su pareja, ¿Qué importaba? Repetía que solo quería tenerle cerca, ella, difícilmente podía mirarle a los ojos, ¿Quisiera que ella de verdad le dijera lo que pensaba? Que no sentía nada, nada absolutamente nada más que placer por la manera en la que su ego fue complacido, acariciado con rimas hechas con palabras perfectas para describir su belleza y genialidad. Pero, ¿Sentir algo por aquél ser de tan creativa forma? En si, a ella no le despertaba nada. Ella piensa, ''Es solo otro humano más, es solo más monstruos por conocer'', y no quería mezclarse más en algo que probablemente le gustara o le trajera más problemas. Pero ya le estaba irritando sentirse casi obligada a responder cosas al menos amables después de cada elogio y palabras lindas, ella ni si quiera había elegido amor; no a el, que incluso empezó a rogarle un beso, solo uno. Pero ella se negaba y terminó hasta de mal modo, apartándole,
-¿Por qué no?
-¿Por qué no qué?
-¡Te lo he dicho de mil formas!
-Mmmm... Porque, nunca me he planteado quererte. Y es porque nunca he sentido atracción más allá de que me caigas muy bien...
-Me pregunto que habrá pasado tan malo como para que en serio hayas decidido dejar todas estas cosas.- Dijo la chica - No para que me lo digas, solo lo imagino.
-¿Qué tan malo? - Dijo el, un poco pensativo -Cuando todo se empieza a venir abajo y ya ni tu madre cree en ti. Cuando dejas de tener eso, es que en serio eres un parásito en la vida. Si no te ve algo bueno ni tu propia madre, el mundo menos.
-Si, el ser humano necesita ser amado y todo empieza por la madre...y también está mal si el mundo se reduce a solo consumir. Por mi parte, a mi me relaja los nervios.
-Todos llegan y tocan su propio fondo... ya llegará el tuyo.
-Buen pronóstico.
-Aunque... ¿Por qué ya no te volví a ver en las terapias?¿Por qué dejaste de ir, flaca? No es que te estés rehabilitando porque está claro que no.
-Recibo tratamiento en otra parte. Recientemente, a penas comienzo. ¿Ya? ¿Feliz?
-¿Ah si? No me digas, y según tú, ¿Dónde?
-Con...doctor.
-¿Psicólogo?
-Mmmm, si.
-¿En dónde?
-En UNP
-¿El manicomio??!
-Solo voy a terapias. TERAPIAS. No estoy encerrada.
-En ese caso, me da gusto que te estés tratando
-Gracias.
Se acercaba demasiado. Ella miraba hacia otros lados. El seguía buscando su mirada, y cuando la tuvo a los ojos empezó a cantarle una serie de rimas inventadas al momento, sin casi silenciarse, acomodó palabras en series y rimas para describirla de una manera fantástica, y en el desenlace empezó a declarar su amor con los ojos medio brillosos, insinuándole en medio de cantos que fuese su pareja. Ella se quedó, en ese momento, sin habla, totalmente conmovida y complacida, sin embargo, se limitó a sonreír y nerviosamente prendió un cigarrillo y volteó a otro lado ante el asombro del chico.
-¿No vas a responderme nada?
-¿Qué puedo decir?
-Mírame a los ojos.
Lo miró.
-Sinceramente, no quiero nada en serio contigo si a eso te refieres, en cuanto a tu canto, que creativa manera y habilidad de usar las palabras y respecto a ti, no quiero darte nada ni tampoco quiero usarte.
Sus ojos, redondos y brillantes se empezaron a cubrir de lágrimas y empezó a llorar y a implorarle que no se alejase de el ni aunque no quisiera ser su pareja, ¿Qué importaba? Repetía que solo quería tenerle cerca, ella, difícilmente podía mirarle a los ojos, ¿Quisiera que ella de verdad le dijera lo que pensaba? Que no sentía nada, nada absolutamente nada más que placer por la manera en la que su ego fue complacido, acariciado con rimas hechas con palabras perfectas para describir su belleza y genialidad. Pero, ¿Sentir algo por aquél ser de tan creativa forma? En si, a ella no le despertaba nada. Ella piensa, ''Es solo otro humano más, es solo más monstruos por conocer'', y no quería mezclarse más en algo que probablemente le gustara o le trajera más problemas. Pero ya le estaba irritando sentirse casi obligada a responder cosas al menos amables después de cada elogio y palabras lindas, ella ni si quiera había elegido amor; no a el, que incluso empezó a rogarle un beso, solo uno. Pero ella se negaba y terminó hasta de mal modo, apartándole,
-¿Por qué no?
-¿Por qué no qué?
-¡Te lo he dicho de mil formas!
-Mmmm... Porque, nunca me he planteado quererte. Y es porque nunca he sentido atracción más allá de que me caigas muy bien...
lunes, 2 de marzo de 2015
Cursilería macabra.
Era unos 2 años menor que yo y era quizá eso una de las tantas cosas que me atraían de él. Nunca fuimos nada más que buenos amigos, nada más, cuando mucho abrazos fuertes, besos en la frente y hasta tomarnos de la mano, pero hasta ahí. Sin embargo, Mau destilaba cierta energía. Sus ojos, enmarcados con unas cejas gruesas y expresivas, una sonrisa tierna de oreja a oreja, su nariz, afilada, su piel, canela y siempre llevaba el cabello muy corto. Su look era algo así como un rapero, su risa muy contagiosa, de su boca escapaban palabras que me hacían morir de risa y siempre era así, alegre, gracioso y bastante lindo. Sincero hasta la médula. A pesar de saber mis gustos, a el le parecían algo aburridos y yo no tenía objeción con los suyos, el, quien aparte de vivir con una familia acomodada, decide salir con pandilleros a quienes les gusta la calle, las drogas, las peleas y el rap. Podría comprarse ropa con más... ¿clase? Pero sin embargo, a el le gustaban las sudaderas anchas, gorras y tennis grandes. Podría tener amigos más sofisticados, pero prefería andar con gente mucho mayor que el y los mismos quienes arrastraron a Mau a los vicios y a su corta edad, había pasado por cosas muy similares a las que yo había tenido que vivir a causa de mi personalidad impulsiva y mi gusto por las drogas y el alcohol. Quizá eso nos hacía tener tanto en común finalmente, nos conocimos de hecho en un grupo de terapia para la drogadicción, muy romántico todo, el, yo, en la sala de espera del psicólogo mientras yo me mordisqueaba los dedos y el me platicaba sus siempre interesantes anécdotas. Todo lo que pasaba en su vida era fascinante y siempre lograba impactarme, a pesar de no ser un muchacho muy culto, prestaba mucha atención y captaba rápido lo que yo le platicaba, además, aunque tal vez no podía hablarme de libros, era capaz de contarme historias dignas de escribirse, y lo mejor de todo es que eran reales. Hicimos cosas divertidas, incluso irme a un retiro católico fue ameno con su compañía.
Como toda la gente que ha dejado huella en mi vida, estaba loco. Mau no conocía los límites y se drogaba y emborrachaba hasta no aguantar, buscaba peleas sin miedo a que le rompieran la cara, (ya de por si estaba lleno de cicatrices), malgastaba y perdía su dinero, se rapaba o cualquier otra locura que se le ocurriera, de hecho, el me pedía que saliera con el porque según conmigo se veía obligado a no cometer estupideces debido a que se sentía responsable de mí.
Llegó el día temido. Mau se me declaró, me tomó de las manos y me dijo brevemente lo que sentía por mí. Yo lo quería, pero, simplemente en ese instante no tenía aún la decisión lista y no me sentía segura de decir que si ni de decir que no. Lo miré a los ojos y le dije que me faltaba conocerlo por dentro. Pareció quedar un poco serio por unos minutos, luego volvió a tratarme con la misma alegría de siempre y me sentí mejor. Pasaron algunas semanas. y salimos de paseo al río. Solo fui a comprar cigarrillos, junto con otra chica. Entre los árboles, me detuve a armar un cigarro de marihuana y entre la maleza apareció Mau sosteniéndose el abdomen. Estaba sangrando. Me alarmé y lo alcancé corriendo. Retiro sus manos, un pedazo de sus tripas estaba saliéndose y bañadas en sangre, su cara había tomado un gesto con un aspecto estremecedor, en sus ojos se reflejaba miedo y locura. Me puse histérica, sus amigos me dijeron que había peleado y lo habían apuñalado, llamé a emergencias. Mientras lo sostenía,el trató de sonreír y me dijo: ''Dijiste que querías conocerme por dentro''.
Como toda la gente que ha dejado huella en mi vida, estaba loco. Mau no conocía los límites y se drogaba y emborrachaba hasta no aguantar, buscaba peleas sin miedo a que le rompieran la cara, (ya de por si estaba lleno de cicatrices), malgastaba y perdía su dinero, se rapaba o cualquier otra locura que se le ocurriera, de hecho, el me pedía que saliera con el porque según conmigo se veía obligado a no cometer estupideces debido a que se sentía responsable de mí.
Llegó el día temido. Mau se me declaró, me tomó de las manos y me dijo brevemente lo que sentía por mí. Yo lo quería, pero, simplemente en ese instante no tenía aún la decisión lista y no me sentía segura de decir que si ni de decir que no. Lo miré a los ojos y le dije que me faltaba conocerlo por dentro. Pareció quedar un poco serio por unos minutos, luego volvió a tratarme con la misma alegría de siempre y me sentí mejor. Pasaron algunas semanas. y salimos de paseo al río. Solo fui a comprar cigarrillos, junto con otra chica. Entre los árboles, me detuve a armar un cigarro de marihuana y entre la maleza apareció Mau sosteniéndose el abdomen. Estaba sangrando. Me alarmé y lo alcancé corriendo. Retiro sus manos, un pedazo de sus tripas estaba saliéndose y bañadas en sangre, su cara había tomado un gesto con un aspecto estremecedor, en sus ojos se reflejaba miedo y locura. Me puse histérica, sus amigos me dijeron que había peleado y lo habían apuñalado, llamé a emergencias. Mientras lo sostenía,el trató de sonreír y me dijo: ''Dijiste que querías conocerme por dentro''.
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