viernes, 18 de noviembre de 2016

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Estoy viviendo lo inexistente, 
si, 
sintiendo lo que no necesito,
soy dependiente de fantasías,
camino hacia un lugar que parece no tener sentido,
me siento ahogada en una taza de té.

¿Qué logra la gente?
interesándose por ilusiones,
buscando la felicidad incierta, 
amando lo que no conoce, 
confiando en lo que no depende de uno mismo.
Dejando tu lucidez 
en manos ajenas.

Queriendo ver en el espejo lo que pretende querer, 
llenando vacíos con recuerdos, 
abriendo los ojos por la mañana
pensando en su día
más que en la tuya

No hay que negarlo, 
no soy la misma. 
ahora todo es más cálido, 
me siento segura e insegura a la vez, 
un día,
bendito o maldito, 
lo conocí.

más rutinario y necesario que el tabaco, 
más alucinante que las drogas, 
más embriagante que el alcohol,
peor que cualquier droga,
era sentirlo a él
Es tremenda, 
mi necesidad de conservarte,
controlarte, 
cuidarte, 
poseerte, 
que más poseída termino yo, 
más controlada resulto estar, 
tanta mi insistencia porque seas mío, 
que termino siendo más tuya, 
que de mí misma. 

Ya no sé qué clase de persona estoy conociendo,
cuando me haces conocerte a ti, 
y más perturbador es que desordenas cada parte de mí,
al punto en el que termino conociendo mis lados más oscuras, 
dándome cuenta de que aún no conozco todas mis virtudes, 
y lamentablemente, 
aún no estoy conozco todos mis defectos. 

Como típica adicta, 
busco justificar, 
conservar
y aferrarme 
a mí más grande vicio, 
tú.

Preocupante y enloquecedor, 
se lleva mi cordura, 
¡la poca que me queda!
pero estoy convencida,
o quiero estarlo, 
que tiene que darme más bienestar.
Sé que puede. 
Me gusta tanto.
jamás un error me había parecido tan alucinante. 
es como sentir la vida en instantes, 
todas las emociones a la vez, 
y toda la vitalidad que necesito

Por otro lado, dicen que las cosas buenas cuestan...
¿acaso es un obstáculo?
¿tengo que seguir empeñándome?
la vida es tan horrible sin ti
y contigo a veces también 
eso que llamo realidad me acosa todo el tiempo, 
haciéndome creer que no existe ningún tú y yo,
es solo algo que se construye mi pobre y triste corazón,
las frágiles esperanzas, 
la soledad, 
los fantasmas, 
el miedo, 
para tratar de hacerme sentir mejor, 
a esta susceptible y triste persona, 
esa que siempre he sido yo.

Pesimista, seca y sola, 
débil cuando está aún volando entre tus nubes, 
esa que solo necesita una sola caída de regreso al suelo, 
para poder volver a ser fuerte y serena. 

Por el momento sigo ciega y enloquecida,
con miedo a que sea yo la única que se aferra,
queriendo ignorar lo que quizá trate de gritar lo obvio,
aunque yo tape mis oídos, 
o me ponga los audífonos y escuche las piezas que me enseñaste, 
y como toda creación mental que finalmente siempre ha sido todo este amor, 
todo lo que creo y pienso sobre ti es fantasía hasta que se demuestre lo contrario,
temo que con el tiempo sea más necedad que amor, 
mas orgullo que amor, 
mas necesidad que amor, 
más ego que amor, 
más dolor que amor, 
sé que aunque a veces al mirar tus ojos no lo note, 
pero sigo sintiendo que acaricio mi corazón cuando estoy contigo. 
todavía, a pesar de tus golpes, imaginarios y reales,
no se puede contrarrestar lo tiernamente nostálgico, 
que es recordar  lo feliz y emocionada que estuve, 
los primeros días que pasamos juntos. 
Esa fue la semilla. 
ahora somos una bella y brillante planta
que a veces olvidamos regar y sacar al sol, 
aunque después queramos regarla y llenarla de brillo con desesperación, 
porque nos encanta la planta a pesar de que a veces la olvidamos. 

A pesar de que seas el alimento de eso que llamamos fe, 
eres muestra perfecta de que nada es perfecto, 
y de que la vida nunca te deja ser feliz, 
pero eres parte de lo que le da sentido a mi existencia, 
ya no sé si tengo más miedo de tenerte o de perderte.

He cambiado, 
ya no soy la misma impulsiva de antes, 
tampoco soy tan aventurera,
arriesgada y libre, 
ahora pienso que soy la misma loca, 
la misma triste, 
la misma enferma, 
pero más cansada,
me cansé de fallar y caer,
y ahora quiero subir.
Tengo tanta basura archivada en mi cabeza, 
capaz de ensuciar cualquier nuevo pensamiento, 
¡qué feliz era ser niña e inocente!
No contaminada y desalentada. 
Gracias a el, 
escucho con más atención su voz
 que la de las voces en mi cabeza.
Ojalá nadie sepa nunca lo que soy por dentro,
porque nadie confiaría en mí.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Te odio.

- No tengo nada que hacer a la hora del descanso y me duele el estómago, me siento asqueada por todo el alcohol que tomé ayer. Acompáñame por una cerveza aquí en frente.
-¿Ah si, Olivia? ¿Por qué no te vas con Sebastián así como lo hiciste ayer que ni si quiera me esperaste a la salida? 
-Ya te había contado que fuimos al banco y el me llevó. No seas celoso, el ni si quiera me cae bien, no dice tantas idioteces ni escucha buena música. Tú me caes bien. 
-No sé por qué me emociona que me digas que yo te caigo bien. Soy un estúpido. Te espero al rato, a la salida, conozco unas buenas cervezas.
Y se fue. Carlos pocas veces se comportó como un idiota, porque al parecer estaba muy claro que no lo era. Era muy listo. Ni si quiera era tan guapo, digamos que sus facciones no eran relevantemente bellas, pero si armoniosas. Me da gracia pensar que el tenía incluso pareja cuando lo conocí, su novia de tantos años, muy amiga mía a la vez, sin embargo el y yo estábamos seguros de que siempre hubo una simpatía mutua entre los dos a pesar de que hablamos e interactuamos en contadas ocasiones, debido a que su novia y a la vez mi amiga era demasiado celosa al grado en el que revisaba absolutamente todos sus medios de comunicación y ella controlaba todos sus movimientos. Eso fue hace tantos años...yo era gorda, ''feliz'' y un poco diferente a ahora, a lo cuál años después, cuando el había terminado su relación con mi ahora ex amiga, nos encontramos de nuevo en la universidad, estudiando lo mismo. El primer día de clase nos reconocimos y hablamos. Sabía que me iba a caer bien... 

Los días y los meses pasaron. Ahora podría decirse que éramos amigos. Nos hacíamos bromas pesadas, pateaba su trasero todo el tiempo, le ponía elpie, le rayaba el cuerpo con bolígrafos y de más maldades infantiles.
Pero las cosas siempre se ensombrecen. Como siempre, ya no había día en el que no recibiera halagos o palabras dulces de parte de él. Me tomaba de la mano y me miraba de una forma distinta. Me hablaba distinto. Como pasa siempre en las amistades entre hombres y mujeres, ahora él estaba sintiendo por mí algo más que amistad y creo que yo inconscientemente también comencé a sentir algo parecido, pues aunque jamás decía nada y el siempre me acusaba de ser poco expresiva, después de que fuimos a un bar y luego de muchos tragos, el estaba dispuesto de llevarme a casa pero decidimos comprar más alcohol en una tienda y pararnos en el auto a tomar otro rato hasta que, por lo ebria que estaba no recuerdo nada, terminamos besándonos y manoséandonos. Por el lugar y la hora además de la borrachera que llevábamos (al menos yo) nos movimos de ahí y cuando llegué a casa caí rendida. 

Pero después de ese día nada más ha vuelto a pasar. Simplemente seguimos siendo amigos como siempre, pero sin que el deje de insinuarme cada que puede lo mucho que le gusto y lo que le gustaría repetir lo de aquella vez. Yo no sabía qué hacer. Creo que desde que terminé con aquél estúpido me quedé asustada que al parecer lo último que quería era enamorarme o tener una relación en donde de verdad empezara a desarrollar sentimientos. No digo que he estado totalmente sola, pues he llenado al menos su vacío físico con hombres atractivos con los cuales no tenía nada en común con ellos a menos de que estuviésemos ebrios, tenía que enseñarles muchas cosas y de alguna manera fingir un poco de normalidad. Me dan miedo aquellas personas con las que puedes compartir tus sitios favoritos, tu música preferida, aunque sea una pequeña parte de tus intereses más oscuros, algún recuerdo sombrío y que a la vez pueden divertirse juntos. Que cuando opine me entiendan. Que no traten de cambiar nada de mí, que me miren y traten como si fuera perfecta.

Desgraciadamente, ahora no soy tan ingenua como hace unos años. Creo que con aquél estúpido aprendí que la gente puede decir fácilmente una sarta de mentiras y palabras bonitas vacías solo para conseguir algo. Pero es que Carlos, era antes de enamorarse de mí, una persona muy distinta conmigo, ahora era lindo, galante, tierno, aunque sigue teniendo un toque de irreverencia, la cual era muy marcada al principio de que empezamos a hablar. Quizá por eso me cayó bien desde el principio, pues fue muy diferente a los otros, no era pretencioso, me trataba como cualquier amiga, con bromas y comentarios un poco crudos, incluso haciendo énfasis a mis problemas mentales que el de antemano ya sabía, pues no es tonto y al ver mis brazos, mis bajas de peso repentina y la amistad que tenía con su amiga, que después de frecuentarme también dejó de comer y a leguas se veían sus problemas alimenticios, además de que decidió contármelo porque sentía que la entendería. .Al parecer a veces no soy tan buena fingiendo, pero aquellos comentarios de humor negro el lo hacía sin darse cuenta, pues es tan hostil y está casi tan marchito como yo y se reía también de mis contestaciones con bromas igual de crudas haciendo burla de sus defectos.
 Como sea, llamó mi atención que me tratara así, pues si hubiera tenido directamente la finalidad de solo acostarse conmigo, hubiera llegado estúpidamente como todos los demás, a hablarme bonito y tratarme bien a los dos días de ''conocerme'', sin embargo se veía que simplemente disfrutaba de mi compañía, pues a pesar de ser tan amargado y misántropo, conmigo siempre se moría de risa o platicaba por horas, cosa que usualmente no lo veía hacer seguido ni con sus propios amigos. Me llamó la atención porque a veces ni si quiera comía con ellos, pues se iba a leer a solas algún libro o novela aparte de los libros de estudio, mientras yo hacía la tarea desesperadamente, el siempre se veía relajado y parecía que no le costaba obtener su buen promedio, siempre de los primeros de su clase. Hacíamos competencia todos los parciales para ver quién salía mejor y quien perdiera pagaría una buena borrachera. Siempre la pasábamos muy bien y como amigos, fumábamos montones de cigarrillos y grandes cantidades de marihuana hasta terminar desmayados, pues a el le valía su vida y salud casi tanto como a mí o tal vez peor. Íbamos a hoteles y rentábamos una habitación simplemente para fumar, drogarnos o beber, sin embargo jamás pasaba nada, hasta aquella noche del bar que mencioné al principio y solo sucedió una vez y después de meses más no ha vuelto a suceder. A él le da tanto miedo como a mí... pues el juraba que le gustaba mucho y me decía que moría de ganas por volver a besarme, extrañamente después de esa noche dejó de aceptar mis invitaciones e insinuaciones de irnos a emborrachar.
-Carlos, hoy salimos a la misma hora y es bien temprano. Vamos a tomarnos algo.
-Es que en serio si estoy enfermo, ya tiene como dos días, recuerda, me pusieron inyecciones y medicinas y no puedo tomar, además quiero mejorar, ya no quiero faltar.
--Mmmm... bueno.
Y en realidad, venía poniéndome pretextos desde hace semanas, pero esta vez, al estar en facebook descubrí que había salido ese mismo día precisamente a tomar, con sus amigos.
Al otro día me buscó y yo me sentía un poco molesta.
-Si tenías un compromiso con tus amigos, no era necesario que mintieras.-
-¿Qué?
-Ayer, no quisiste ir a tomar nada conmigo y te fuiste con tus amigos, me inventaste que estabas enfermo. Chismoso.-
Se quedó callado unos segundos.
-Yo prefiero estar contigo siempre. Más que con mis amigos y con cualquiera, y eso a la vez puede ser muy frustrante. Te invito hoy a mi casa para mostrarte algo y te explico todo.
Aquello sonaba como una declaración.O un intento por conseguir sexo. No sabía qué decirle.
-Mira, sé lo que estoy haciendo. Yo quiero decirte algo importante para mí que necesito decirte a ti para estar tranquilo, tengo un horrible conflicto contigo, y te lo terminaré diciendo de cualquier manera vayas o no a mi casa, solo que quisiera hacerlo bien y solo podría si vas a mi casa.


Sus padres se fueron de viaje. No hay nadie en su casa más que el y me invitó a tocar su piano. Y viniendo de él, era posible que termináramos haciendo otra cosa pero también era muy probable que termináramos realmente tocando solo el piano. Cualquiera de las dos cosas parecía ser agradable, sin embargo dudaba que tuviera que dejarme llevar, pues a veces terminas siendo tú la única que está interesada o terminas obsesionada con hacer que te quieran y no por amor a la persona, si no simplemente por complacer el ego. Tal vez iba a terminar sucediendo al final, algo me detenía.
Su casa era bella y grande y un hermoso piano de cola adornaba su habitación.
Yo no creería que ver sus hábiles dedos tocar el piano todas aquellas piezas que a mí me gustan tanto iba a aumentar de aquella manera mi simpatía y mi admiración por él, acompañada de su mirada profunda y sus ojos que al mirarme me decían que eran para mí, me demostró que podía tocar casi cualquier cosa solo viendo las partituras. Yo ya no sabía que cara poner, pues me daba miedo que se diera cuenta de que estaba emocionada y encantada, pero creo que se dio cuenta, pues de momento paró, tomó mi mano y me sentó a su lado y se me quedó mirando.
- Que ojos tan bonitos se te ven, siempre son muy expresivos, entonces creo que te gustó.
- Me gustó muchísimo, no pensé que sería así.
-¿Así como? Bueno, ya mejor no te pido más explicaciones. Sé que te cuesta trabajo decir demasiado de lo que sientes, pero creo que en estos meses te conozco lo suficiente, así como me dices siempre que te pregunto algo sobre que sientes; ''dedúcelo'', y creo que tienes razón, pues siempre las acciones valdrán mucho más que las palabras. te veo y me muero de ganas de volver a besarte, he querido hacerlo así sin avisarte, pero no quiero que te enojes conmigo. O que te asustes.
-Mmmmm...- Volteaba para otro lado nerviosamente.
- Nada de mmmm. Te acabo de pedir permiso por si no te diste cuenta. ¿Qué dices sobre eso?
Hasta eso me costaba trabajo decir, si si o no, y lo tenía cada vez más cerca. Le dije que si, que estaba bien. 

Aunque intentes huir...

Siempre he sentido una enorme simpatía con la gente hija de puta. Quizá me he dado cuenta de que son más sinceras que la mayoría de la gente, pienso que en el fondo, en realidad casi todos somos eso, hijos de puta, egoístas, mentirosos, humanos, tal cual.
Se tiene tanto miedo de conocer a fondo a las personas, y a la vez tanto miedo cuando no las conoces... que a veces, es preferible que te proporcionen el golpe directo a la cara, para poderlo esquivar, o incluso devolverlo, no como aquellos cobardes que te golpean por la espalda y salen corriendo. Me gusta la actitud seca de las personas, me agrada la gente sincera que expresa sus molestias y hostilidad sin miedo a ser juzgados, son las personas ideales para ser mis amigos, ellos siempre me recalcarán si estoy haciendo alguna estupidez, por si no me he dado cuenta lo suficiente. 

¿Y el amor? Lo mismo. Me encantan los hijos de puta. Los que se ríen de mi pésimo y pesado humor, los que entienden mi repugnancia hacia la gran mayoría de la sociedad, aquellos que impactan con su presencia y logros, que consiguieron escalando entre varias cabezas de cuerpos derribados, sin importar lastimar un poco, con tal de estar arriba. Me gusta la gente altanera, sabia, superior.
Luego recuerdo, que así como son a veces de insensibles y egoístas, a veces olvido que solo algo verdaderamente fuerte puede pararlos o cambiarlos, a veces no estoy segura de ser yo ese algo, quizá solo soy un juego más, un entretenimiento más, un experimento más. Tal vez olvido que son hijos de puta, y que muy probablemente, lo serán también conmigo.

Sigo siendo yo la mujer compleja. El enigma. Extraña y alocada. Amorosa y cruel, desastre, torbellino. Sé que tal vez jamás lo cambiaré. La misma paranoica, con el ego en las nubes, mi esquizofrenia, mis secretos, mi basura. Mis flores. Mi amor. Tengo tanto amor.. o a veces eso parece. 
De momento, de nuevo se apodera de mí y me hace sentir inhumana, como un animal, como un demonio, tal vez no es amor, quizá no soy capaz de sentirlo, solo tengo obsesión, paranoia, ego. Obsesión. Las locas como yo amamos con locura, amamos la locura. No puedo vivir sin llevar cualquier emoción al extremo. No soy una criatura extraña, soy una persona, tengo sentimientos, lo sé, pues creo que muy en el fondo, tengo tanto miedo a veces, de estar sola. Sola,despiertan mis monstruos, porque puedo ser quien en verdad soy, sin miedo a nada, sin que nadie me detenga, y lo que soy, es un monstruo. Irracional, depresivo, solitario, venenoso, tóxico, enfermo. 

Sopórtame. Mi madre es el único ser que me conoce. Me teme, y me ama a la vez. 
A veces quisiera que alguien, mi pareja, me amara, me adorara, me quisiera sobre todas las cosas, a pesar de verme enloquecer, que no se asuste. No tengo control en mí.
Tengo la asquerosa necesidad de sentirme importante y de hacer mi mundo a mi modo, controlar todo, la necesidad de probar lealtad, de ser más necia que cualquier mujer, de ser intensa, dura, fría e hiriente. 
No entiendo qué es lo que quiero, ni como quiero que me quieran. Estoy harta de que la psicosis se apodere de mí. 
¿Que hay cambios? Claro que los hay. Nunca se lo he dicho a él, ojalá valorara mi esfuerzo, el cree que estoy loca; ¿qué diría si supiera que hace apenas unos años no podía frenar la psicosis hasta que alguien saliera herido? ¿Hasta no ver dolor y sangre? Me quiere. Dice que soy la persona más insoportable y terca que ha conocido. Me contengo, aprieto la mandíbula, miro hacia la nada y me pongo roja. Mis ojos brillan por la furia, mi cara tiembla, jadeo de enojo. Parece que algo va a pasarme o algo voy a hacer. El empieza a confundirse y a decir que mi gesto le asusta y que debería calmarme, trata de acercarse y noto que tiene miedo, cree que quizá le pegue o explote, pero no pasó. Me estoy conteniendo. Por eso tiemblo. Las voces de mi cabeza empiezan a ser inquietantes, cierro mis ojos. Esta vez no quiero rascarme el brazo desesperadamente como a veces suelo hacer. ¿Acaba de decirme que soy la persona más insoportable que conoce? Eso me impidió escuchar lo que dijo después, que además de ser la persona más insoportable, era la que más adoraba y con quien más quería estar. Dice que tiene un conflicto conmigo. Que sabe que tengo serios problemas, que sabe que le están afectando a el, pero que me ama, que no puede vivir sin mí y que no se rendirá. Vamos a terapia juntos.

Mi madre es la única persona que casi sabe lidiar conmigo, (quizá no le queda de otra), pero yo no sé que me pasa ni quién soy. No comprendo mi manera de ser y aunque lo intente, no puedo controlarlo, mucho menos ocultarlo, soy así. No quisiera decirle a nadie que si se asustan con lo que ven, en verdad no quisieran enterarse de la peor parte. Me da miedo ser tan perra y toparme con alguien aún más enfermo que yo. El dice que me va a ayudar, que se asesorará para poderme entender. 
Yo tengo miedo. No puedo vivir sin joderme la vida, no puedo vivir en pareja, no puedo expresar mis sentimientos, no me esfuerzo casi nada para retener a nadie ni ser mejor persona. Nunca seré perfecta. No soy normal Siempre seré un monstruo.

jueves, 7 de enero de 2016

Éxtasis.

La gente que acaba de conocerme, a menudo me pregunta:
''¿Siempre eres así de callada y de seria?'' 
Y no sabría si responderles si sí, porque ciertamente prefiero no hablar, o responderles que no, pues he tenido momentos en los que soy la persona más alegre, platicadora y entretenida. Opto por responderles que ''a veces''.

Haciendo memoria, de niña no hablaba mucho, no me gustaban tanto sus juegos y el jardín de niños me pareció aburrido y fuera de lo que yo esperaba. Aprendía más todas las tardes con mi padre, quien dedicaba sus tardes a enseñarme a leer utilizando todos los juguetes didácticos que me había comprado. Aprendí pronto y comencé a leer cómics e historietas gran parte de mis tardes desde antes de entrar a la primaria. No encajaba, peleaba y me frustraba. Después empecé a llevar toda clase de dulces y juguetes curiosos y hasta estampas, las cuáles empecé a vender por toda la escuela y comencé automáticamente a hacer amigos, o al menos eso creía, pues sinceramente no me hubiera acercado a ellos de no ser porque mi sentido común me indicaba que no debía ser grosera si quería obtener su dinero. Como sea, aquello me enseñó que tener compañía (de solo algunas personas) no era tan mala. Descubrí lo divertido que era opinar y que si usaba palabras suficientemente elocuentes podía incluso lograr que creyeran en mí y me ayudaran incluso a hacer cosas malas.

Pero mis ánimos de convivir y de ser una persona alegre eran cada vez más pocos. Creo que fueron demostrando que, ¿por qué no? Así como yo era una persona cambiante de humor y que a veces solo le hablaba o era amable con otras personas para obtener algún beneficio, extrañamente no se me hizo increíble darme cuenta de que todos los demás también eran así y que la mayoría de personas de igual manera solo se me acercaban para algún fin. Claro que, no es por paranoia que lo digo porque también estoy consciente de que mucha gente simplemente se aburre demasiado de estar solo y no soporta pensar mucho, por eso busca desesperadamente la atención y la compañía de otras personas, pero, no es mi caso. Descubrí que desde que tengo uso de razón soy una persona a la que le gusta hacer lo que se le da la gana sin darles explicaciones ni a sus propios padres, a quien no le gusta que le den instrucciones ni menos que la contradigan, claro, a nadie le gusta eso, pero yo no lo tolero, a tal grado de que prefiero alejarme y evitar que las demás personas conozcan mi vida porque siendo honestos es un caos y cualquier persona que me aprecie o finja apreciarme se sentirá obligado a pararme, a ''ayudarme'', pero yo, la verdad a veces me siento bien cuando me tiro a la mierda. 
Es por eso que cambio continuamente de amistades y cuando siento que me conocen demasiado prefiero ignorarlos gradualmente hasta dejarlos de ver por completo, para evitar sus rencores y sus posibles desquites usando todas aquellas cosas que les he confiado, cada una representando un arma de él en mi contra. La compañía solo te impide ser y hacer lo que tú realmente quieres hacer, porque todos tienen esa insistente necesidad de controlarlo todo. 
Yo disfruto muchísimo estar sola, no hay mayor libertad que la soledad. No hay mejor lugar en el día, que la madrugada, donde todo es quietud, sin escuchar la voz de nadie, sin tener que hablar ni ver a nadie, donde solo los perros están despiertos, ya ni si quiera sé si padezco algo parecido al insomnio o definitivamente le soy fiel a mi amor nocturno. 

Sin embargo, dicen que la soledad es mala, y al parecer puedo afirmarlo, pues he llegado a excesos donde acabo encerrándome demasiado en mí misma al punto en el que termino acorralada entre las ideas más sombrías que yo misma encontré escarbando entre recuerdos y miedos que analicé en todos esos momentos de silencio solitario en mi habitación, mezclada con aburrimiento, seguido creo que lo que necesito es compañía pero cuando decido salir sigo sintiéndome vacía y aburrida, con ganas de fingir diarrea y regresarme a casa. Pero recuerdo que si, hay una manera de hacer que hable, y que me den ganas de platicar. En algunos casos el alcohol, pero hay algo que nunca me falló: el éxtasis.

Siendo honesta, lo probé porque escuché que te bajaba de peso, pues dejaba de darte hambre y sueño, aunque bueno, ese creo que nunca lo tuve. Pero terminó gustándome también su efecto: empecé a sentir que la gente a mi alrededor me agradaba, me hacía creer y sentir una verdadera felicidad y un hormigueo en el cuerpo que me hacía bailar. Me dejaba de importar el hecho de rebelar cosas sobre mí y contar anécdotas, pues creía que quería a todo el mundo. De hecho, creo que mi natal hastío y repugnancia hacia las personas desconocidas me impedía si quiera enamorarme, pues aunque una persona lograra gustarme y salir conmigo seguía sin encontrarle chiste. Pero no fue hasta que probé las drogas y tuve que convivir con alguien que me agradara estando drogada para poder hacerlo conocer al menos algo de mí y dejar de ser tan naturalmente cerrada y seca. 
Si conseguían agradarme demasiado estando drogada, probablemente también sobria empiecen a caerme bien y es así como aprendo a agarrarle el gusto y el cariño a alguna persona y si las cosas funcionan probablemente logro quererlo de verdad, al menos por algún tiempo, pero tienen que ser personas espontáneas, de esas que comprenden que pueden morir en cualquier momento y que tienen que aprovechar para hacer lo que quieran y dejen de darle su completa importancia a eso que le llaman ''futuro'', algo que ni si quiera saben si existe para ellos en el fondo lo sienten, y lejos de ponerme ataduras me llevan a conocer cosas fantásticas que quizá jamás imagine pero que definitivamente tenía que vivir. 


viernes, 18 de diciembre de 2015

La inverosímil.

Siempre fui un imán para las personas a mi alrededor. Era como la pieza en exhibición en un museo, para empezar. Luego abría la boca y lograba ser como el trailer de una buena película, sobre todo si me lo proponía. Las personas de inmediato ponían su atención en mí... ¿será que podían oler que no soy como ellos?

Nunca me sentí anormal hasta el día en el que me di cuenta de que podía ver y escuchar cosas que las demás personas no. Nunca hablo de ello porque soy cobarde. Porque la voz en mi cabeza, Samuel, no es amable ni tampoco me quiere a pesar de que yo la he creado y de que vivimos en el mismo cuerpo. Quiere matarme y lentamente, poco a poco, bajo torturas mentales e incluso me lastima el cuerpo usando mis propias manos. No hablo de ello porque a el no le gusta que se lo diga a nadie. Porque cuando eso pasa, regresa en mis ratos de soledad y me habla al oído.. puedo sentir su aliento cálido. Me empieza a insultar y me tortura con pensamientos sombríos y extraños. Voces que no comprendo y ahora no solo es él, si no que tiene compañía. Al principio conversan y puedo percibir al menos 4 personas hablando de cosas que parecen insensatas, incoherentes. La voz de Samuel es gangosa y agresiva. Fría y perturbadora. Las demás voces, algunas son chillonas y otras trémulas, recordándome el coro de ''Réquiem'' de Mozart. 


La mayoría de veces, no puedo entender sus diálogos y lo que dicen no significa nada para mí, sin embargo, aún así me incomodan de una manera sorprendente, poniéndome la piel de gallina y causando tal ansiedad en mí que empiezo a comerme las uñas o los padrastros, o a golpearme en los oídos y meneo la cabeza hasta que siento que las voces se desvanecen. Pero otras, ellos son mucho peores y son claros, me asustan, me insultan, me hablan de cosas horribles, frías, malignas, de muerte, de sangre, de peligro. Empiezo a temer a todo, hasta a mí misma. Me siento en el suelo, abrazo mis rodillas, lloro, me odio, tengo miedo. Mis manos tiemblan, deseo violencia y destrucción, deseo lágrimas y dolor, mi alma en penumbra se alimenta de catástrofes y de sangre. 


Mala suerte para mí y buena suerte para los otros si en ese momento estoy sola, pues solo puedo lastimarme a mi misma y derramar mi propia sangre, sintiéndome en ese momento fuera de si y controlada por personas imaginarias, demonios malditos, fantasmas alucinados, que no solo me han hecho querer herirme, si no que también me han arrastrado a intentar mi propio suicidio provocando que me quede con heridas y traumas en el alma y la cabeza. Hospitales y suturas, desintoxicaciones y terapias, medicamentos y lágrimas. Pero, cuando estoy acompañada, las cosas son diferentes. 

Sé de antemano que lo que escucho y veo en esos ratos no es real. Pero juro que en el momento de la crisis, la fantasía pérfida sale de mi cabeza para mezclarse también con la realidad, y heme aquí enloqueciendo y mirando incluso a mis conocidos convertirse en exraños... ¡esperen! No son extraños. Ahora son Samuel y las voces del Réquiem. De sus bocas escapa el tono gangoso de Samuel y el coro angustioso de los demás. Ya no los conozco, ahora son demonios, mis demonios malditos. Es como ver algo sobrenatural, un monstruo queriendo atacar, tengo miedo y siento odio, los odio, sus voces despiertan la violencia en mí, quiero matarlos, destrozarlos, verlos llorar y sufrir. Busco armas, pienso en métodos y planes para lastimarlos, pero sin embargo a veces reacciono con impulso y me lanzo sobre ellos. Al final me doy cuenta de que estuve equivocada y de que a pesar de haber querido lastimar a Samuel, lo que hice fue lastimar a alguien que no tiene nada que ver. Me ha vuelto a engañar y a manipular. 

Quiero ser normal y dejar las pastillas, pero tengo miedo. A veces no las tomo por un día, me acuesto en mi cama y cierro los ojos y comienzo a ver figuras raras, es todo lo que veo diariamente en mi realidad pero en proporciones extrañas. Lo grande se ve pequeño y lo chico se ve grande, o se deforma, los colores cambian y es inexplicablemente perturbador e incómodo imaginar toda esa mierda. Figuras geométricas comienzan a juntarse provocando patrones juntos y repetidos similares a un panal de abejas, provocándome una incomodidad y nerviosismo terrible y repulsivo que ni de chiste me deja dormir. Me dan ganas de rascarme el cuerpo con ansiedad. Es un aviso a lo terrible, pues la mayoría de veces las ''visiones'' llegan acompañadas de voces. Es imposible dormir y concentrarse así, si quiera respirar tranquilo es imposible, pues me falta el aire. Me pongo de inmediato los audífonos y casi siempre pongo ópera. No me queda de otra que correr por el maldito frasco de píldoras. Que importa cuánto lo describa y lo explique. No he conocido a absolutamente nadie que me pueda comprender. Un día conocí a alguien, pero ya no está en este mundo. Ay, Valentina. Tantas veces te vi en crisis sin imaginarme que algún día yo estaría igual... puedo entenderte perfectamente. Te extraño, hermana. 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Escribiendo.

''Maldita mujer alcohólica. Loca. Problemática. ¿Qué diablos ha pasado contigo? Vaya manera de ser imbécil siendo tan inteligente. Eso dicen las notas. Los exámenes. La gente que te escucha platicar. Pero, sabes que es porque no te conocen del todo. Ve y cuéntales toda tu mierda. Ve y diles todo lo que haces. Las idioteces, infamias y desastres que haces por nada. Arriesgándolo todo por nada. Como siempre. Tu vida, que ya nos dimos cuenta de que no te interesa en lo más mínimo desde que tenías 11 años, la pones al filo. Bailas en la oscuridad, entre fantasmas, frente a Leviatán, haces el mal y te haces el mal, haces sufrir y te destrozas, así eres, inteligente para razonar y para crear, pero tonta, lo suficientemente tonta como para destruir tu alma... tonta, qué te puedo decir, si desde que aprendiste a leer no has despegado tus ojos de los libros y has escrito sin fin de historias desde que eras una infante, creo que te fuiste al tope y te volviste adicta a imaginar. A fantasear. Querías vivir, encontrar, disfrutar, sufrir, pero sobre todo aprender.
¿Qué ibas a escribir ahora, nena? Para escribir, había que aprender y a veces los libros no bastaban. Tú y tu necesidad de escribir. Ahora hay que aprender, conocer, sentir. Y te diste cuenta, sin duda, de que a medida de que te arrancabas a pedazos y destruías tu vida gradualmente, sentías placer. Y es que, estar vacío es tan pesado, ¿no crees? Hay que vivir. ¿Qué es la felicidad sin dolor? Si todo lo eterno suena tan grave si lo miras bien... aburrirse es tan fácil, que incluso de la misma felicidad te puedes aburrir... entonces, la estabilidad tanto en la casa como en tu escuela, te enloquecieron. Todo era casi perfecto. Tuviste que encontrarte defectos y usaste eso de pretexto para empezar a vivir. Y te diste cuenta, de que cada experiencia, de esas que te pisotean el alma y te amargan la existencia, son todos aquellos que te dejan tal herida, que para calmarlo no queda de otra más descargar todo ese sentir en letras, en hojas, en el computador... escribiendo''

sábado, 14 de noviembre de 2015

Estoy bien.

Su actitud, de un momento a otro empezó a volverse cada vez más agresiva. Apenas pude sentir el peligro, tomé la mano de Valentina y me di la media vuelta, sin embargo, su brazo firme me sostuvo con fuerza y me jaló bruscamente hacia el, gritándome que no me iría. Mis ojos se abrieron como platos, estaba asustada. Mi amiga comenzó a gritar que me soltara y el me tenía cada vez más sometida, quise resistirme y mi cuerpo débil cayó al suelo de pronto, el me inmovilizó y en esos momentos sentía que el cuerpo se me helaba, sentía terror. Valentina le cayó encima en ese momento, golpeándolo inútil y desesperadamente con una escoba. El hombre, enfurecido, se volteó hacía ella y la jaló igual que a mí, mientras yo, decidida me le fui encima y solo conseguí un fuerte golpe que me aventó lejos y caí al suelo, desmayada. 

No sé cuanto tiempo estuve inconsciente, pero al abrir los ojos, me quedé inmóvil, aterrorizada, sin saber que hacer, mientras escuchaba los gritos de dolor y las súplicas de Valentina para que el desgraciado sujeto parara de abusar de ella, pude ver que el enorme hombre se encontraba sobre ella, quien estaba boca abajo, mientras el le escupía insultos y ofensas, obscenidades infames, entre ellas, susurró que después sería mi turno. Entonces entendí que era el momento perfecto para tratar de evitar que me hiciera daño...sigilosamente me levanté y tomé la pala que estaba a escaso un metro de mí, avancé lento hacia el y por la espalda, le propicié el golpe en la cabeza más fuerte que mis pocas energías pudieron darle, e inmediatamente, al verlo confundido por el primer golpe, le solté otro, y otro, y otro, hasta perder la cuenta y verlo en el suelo, inconsciente y sangrado, sin embargo, yo seguía golpeándolo ciega de ira, los golpes se escuchaban estrepitosos. Valentina me pidió a gritos que parara, pues lo iba a terminar matando, no la escuchaba, ella trato de quitarme la pala y entonces dejé de golpear y solté mi arma, mis manos temblaban, mis ojos estaban abiertos y sudaba frío, me sentía fuera de la realidad, con un escalofrío permanente en la espina, una descarga de adrenalina, mi radar del peligro encendido, llena de desesperación y de rabia, también de miedo. Mi amiga se amarró el vestido, que estaba desgarrado. Me suplicó que nos fuéramos, su cara estaba sangrada, no podía caminar del dolor que sentía. No hablaba, miraba fijamente al sujeto tumbado en el suelo, reaccioné, cargué a medias a mi amiga hacia la salida de la cabaña y avancé con su peso lo más rápido posible hacia la carretera. Detuve una camioneta, eran dos hombres, no me importó, no sabía ya si corría más peligro si me iba, o si me quedaba. Era una Pick-up, nos fuimos en la parte de atrás. 
-Vale...- Interrumpí el silencio postraumático - Tenemos que ir al hospital...
Se quedó callada unos segundos. 
-Estoy bien.
-Mírate... estás herida.
-Estoy bien.
-Vale, por favor...
-¡ESTOY BIEN! - Exclamó, alterada. 
-Tus padres cuando te vean, también van a enviarte al médico. 
-No lo harán. Préstame tu saco... taparé con el mi vestido roto. 
-Pero es que... ¿acaso no te duele nada? Estás herida, comprende.
-Estoy bien. No pasó nada... dame tu saco. Ayúdame a limpiar mi cara, tengo sangre. 

Llegamos a su casa y su mamá nos abrió, alarmándose de inmediato al vernos golpeadas. Sentía que se armaría un drama endemoniado, pues si yo, estaba a punto de explotar, no llegaba a imaginar como se sentía Valentina. Pero me sorprendió. Se comportó totalmente normal, incluso bromeó y dijo que habíamos participado en una pelea callejera y que estábamos bien, que solo queríamos dormir.
Una vez en su habitación, no nos atrevíamos a decir nada. Yo no sabía si decirle que había presenciado el abuso, pues temía que me culpara de no haberla salvado a tiempo, por cobarde. 
Al fin rompí el silencio.
-¿Cómo te sientes? - Pregunté.
-Estoy bien. Voy a bañarme. 
No dijo más y se metió a la regadera del baño, que estaba dentro de su cuarto. Yo me acosté en la cama, con los ojos abiertos, mirando hacia la nada, sin saber por qué pasaban estas cosas. Parecía un mal sueño. Pasó más de una hora. Valentina no salía. Toqué la puerta varias veces sin obtener respuesta, así que temiendo que estuviera mal, me metí sin más. La vi tirada en una esquina de la ducha, en posición fetal, mirando hacia un solo lugar, con moretones en el cuerpo. 
-Debemos ir a la policía- Le dije, sin saber qué decir, en realidad.
-Olivia, me duele. 
-¿Qué te duele?
-Todo...
Se levantó de golpe y me abrazó con fuerza, sollozando amargamente en mi hombro.
-¡Ayúdame! ¡siento que me estoy muriendo, ayúdame!
Me suplicaba, mientras yo trataba de consolarla y la abrazaba fuerte también y le decía que teníamos que solucionarlo, que todo iba a estar bien, hasta terminar sentada con ella en la esquina de la regadera, con la ropa puesta y su cabeza en mi pecho. 
-Debemos denunciarlo. Hay que decirle a tus padres, necesitas terapia, esto no lo puedes superar sola, comprende. - Le dije.
-No estoy sola, tú lo sabes y tú dijiste que ibas a apoyarme en todo.
-Claro que lo haré, pero en estos casos necesitas que se haga justicia y mucho apoyo, aparte del mío...
-No lo creo, entre menos gente lo sepa mejor. Seguro el hombre está muerto. Te meterán a la cárcel. 
-No estaba muerto, Vale. Yo lo sé. 
-No te arriesgaré. Tú me salvaste.
Me quedé callada. Me dio vergüenza. Yo no la he salvado. Me había salvado a mí. 

Me dio tristeza dejarla sola ese día, salí de su casa y al dirigirme a la mía, pasé al supercito y compré una caja grande de cereal de chocolate. La escondí en la mochila e intenté llegar a casa con la mejor de mis caras, tratando de terminar de saludar lo más rápido posible para encerrarme en mi cuarto. Entré al baño con la caja de cereal y me atraqué de hojuelas como una loca, sin casi masticar, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en mis ojos, pero el cereal las retenía. Vomité unas cuatro veces y me acabé la caja. Estaba asqueada. Asqueada por haber descubierto la clase de personas basura que hay en este mundo. Asqueada al recordar lo cobarde que fui. 

Volví a salir de casa y me fui con Daniel. Llegué a su cuarto y me acosté en su cama. Primero dejé que violaran a mi amiga. Luego, no se me ocurrió mejor cosa que hacer que venir a casa del hombre que ella ama, quien a su vez, es mi novio a escondidas. Soy una traicionera. Y ella, que me ve como una heroína... no se imagina la magnitud de mi egoísmo.. yo tampoco puedo creerlo, pero me siento cada vez más superflua. Daniel se acostó a mi lado y me besó, luego quiso tocarme. Las escenas vividas el día anterior, brotaron en mi mente. 
-Hoy no, Daniel. Hoy solo necesito compañía. Solo limítate a abrazarme, por favor.-
Me recargué en su pecho.
-¿Qué es lo que te pasa? - Me preguntó.
-Nada. 
-¿Estás bien?
-Estoy bien. 
-No te escuchas bien. Ya dime qué te pasa.
-Me pasa, que la vida es horrible. 
-¿Por qué lo dices?
-Es horrible. -
-Mírame a los ojos...¡estás llorando! ¿qué te ha pasado?
Hundí mi cara en su pecho, apretándola con fuerza aunque el me quería levantar la cara y me preguntaba con insistencia que sucedía. Me empecé a desahogar un poco y comencé a llorar un poco más fuerte. Dejó de hacer preguntas y también me abrazó, con ternura. 
-¿No vas a decirme nada? ¿Como voy a ayudarte así? Porque como quisiera ayudarte... como quisiera que dejaras de sentir dolor, que confiaras en mí, que me dejaras al menos intentar mejorar tu vida...te quiero tanto...
Y yo, lo quería a tal grado, que a pesar de saber que no era un acto leal para la afectada en esta historia, no podía alejarme de el. Confiaba en el, aunque no lo pareciera. Lo necesitaba. 

Ella dijo que no dijera nada de lo que había pasado. Dijo que lo superaría, que estaría bien. Pero fue como el incienso... se consumió poco a poco, día a día, dejándome una huella, una cicatriz que no se ve, pero que es de las más grandes que tengo. Me dejó con culpa. Con la boca cerrada hasta el día de hoy, que nadie nunca supo lo que sucedió. No me atrevo a hablar con nadie sobre esto. Alguien pudo ayudarla en ese entonces, quizá alguien hubiera podido rescatar su alma, tan herida, tan hecha añicos... pero ella se dejó morir. Y yo, con mi silencio, la dejé morir también. La manipulé. Experimenté con ella. La conducí a la borda. La maté. 



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