jueves, 29 de septiembre de 2016

Aunque intentes huir...

Siempre he sentido una enorme simpatía con la gente hija de puta. Quizá me he dado cuenta de que son más sinceras que la mayoría de la gente, pienso que en el fondo, en realidad casi todos somos eso, hijos de puta, egoístas, mentirosos, humanos, tal cual.
Se tiene tanto miedo de conocer a fondo a las personas, y a la vez tanto miedo cuando no las conoces... que a veces, es preferible que te proporcionen el golpe directo a la cara, para poderlo esquivar, o incluso devolverlo, no como aquellos cobardes que te golpean por la espalda y salen corriendo. Me gusta la actitud seca de las personas, me agrada la gente sincera que expresa sus molestias y hostilidad sin miedo a ser juzgados, son las personas ideales para ser mis amigos, ellos siempre me recalcarán si estoy haciendo alguna estupidez, por si no me he dado cuenta lo suficiente. 

¿Y el amor? Lo mismo. Me encantan los hijos de puta. Los que se ríen de mi pésimo y pesado humor, los que entienden mi repugnancia hacia la gran mayoría de la sociedad, aquellos que impactan con su presencia y logros, que consiguieron escalando entre varias cabezas de cuerpos derribados, sin importar lastimar un poco, con tal de estar arriba. Me gusta la gente altanera, sabia, superior.
Luego recuerdo, que así como son a veces de insensibles y egoístas, a veces olvido que solo algo verdaderamente fuerte puede pararlos o cambiarlos, a veces no estoy segura de ser yo ese algo, quizá solo soy un juego más, un entretenimiento más, un experimento más. Tal vez olvido que son hijos de puta, y que muy probablemente, lo serán también conmigo.

Sigo siendo yo la mujer compleja. El enigma. Extraña y alocada. Amorosa y cruel, desastre, torbellino. Sé que tal vez jamás lo cambiaré. La misma paranoica, con el ego en las nubes, mi esquizofrenia, mis secretos, mi basura. Mis flores. Mi amor. Tengo tanto amor.. o a veces eso parece. 
De momento, de nuevo se apodera de mí y me hace sentir inhumana, como un animal, como un demonio, tal vez no es amor, quizá no soy capaz de sentirlo, solo tengo obsesión, paranoia, ego. Obsesión. Las locas como yo amamos con locura, amamos la locura. No puedo vivir sin llevar cualquier emoción al extremo. No soy una criatura extraña, soy una persona, tengo sentimientos, lo sé, pues creo que muy en el fondo, tengo tanto miedo a veces, de estar sola. Sola,despiertan mis monstruos, porque puedo ser quien en verdad soy, sin miedo a nada, sin que nadie me detenga, y lo que soy, es un monstruo. Irracional, depresivo, solitario, venenoso, tóxico, enfermo. 

Sopórtame. Mi madre es el único ser que me conoce. Me teme, y me ama a la vez. 
A veces quisiera que alguien, mi pareja, me amara, me adorara, me quisiera sobre todas las cosas, a pesar de verme enloquecer, que no se asuste. No tengo control en mí.
Tengo la asquerosa necesidad de sentirme importante y de hacer mi mundo a mi modo, controlar todo, la necesidad de probar lealtad, de ser más necia que cualquier mujer, de ser intensa, dura, fría e hiriente. 
No entiendo qué es lo que quiero, ni como quiero que me quieran. Estoy harta de que la psicosis se apodere de mí. 
¿Que hay cambios? Claro que los hay. Nunca se lo he dicho a él, ojalá valorara mi esfuerzo, el cree que estoy loca; ¿qué diría si supiera que hace apenas unos años no podía frenar la psicosis hasta que alguien saliera herido? ¿Hasta no ver dolor y sangre? Me quiere. Dice que soy la persona más insoportable y terca que ha conocido. Me contengo, aprieto la mandíbula, miro hacia la nada y me pongo roja. Mis ojos brillan por la furia, mi cara tiembla, jadeo de enojo. Parece que algo va a pasarme o algo voy a hacer. El empieza a confundirse y a decir que mi gesto le asusta y que debería calmarme, trata de acercarse y noto que tiene miedo, cree que quizá le pegue o explote, pero no pasó. Me estoy conteniendo. Por eso tiemblo. Las voces de mi cabeza empiezan a ser inquietantes, cierro mis ojos. Esta vez no quiero rascarme el brazo desesperadamente como a veces suelo hacer. ¿Acaba de decirme que soy la persona más insoportable que conoce? Eso me impidió escuchar lo que dijo después, que además de ser la persona más insoportable, era la que más adoraba y con quien más quería estar. Dice que tiene un conflicto conmigo. Que sabe que tengo serios problemas, que sabe que le están afectando a el, pero que me ama, que no puede vivir sin mí y que no se rendirá. Vamos a terapia juntos.

Mi madre es la única persona que casi sabe lidiar conmigo, (quizá no le queda de otra), pero yo no sé que me pasa ni quién soy. No comprendo mi manera de ser y aunque lo intente, no puedo controlarlo, mucho menos ocultarlo, soy así. No quisiera decirle a nadie que si se asustan con lo que ven, en verdad no quisieran enterarse de la peor parte. Me da miedo ser tan perra y toparme con alguien aún más enfermo que yo. El dice que me va a ayudar, que se asesorará para poderme entender. 
Yo tengo miedo. No puedo vivir sin joderme la vida, no puedo vivir en pareja, no puedo expresar mis sentimientos, no me esfuerzo casi nada para retener a nadie ni ser mejor persona. Nunca seré perfecta. No soy normal Siempre seré un monstruo.

jueves, 7 de enero de 2016

Éxtasis.

La gente que acaba de conocerme, a menudo me pregunta:
''¿Siempre eres así de callada y de seria?'' 
Y no sabría si responderles si sí, porque ciertamente prefiero no hablar, o responderles que no, pues he tenido momentos en los que soy la persona más alegre, platicadora y entretenida. Opto por responderles que ''a veces''.

Haciendo memoria, de niña no hablaba mucho, no me gustaban tanto sus juegos y el jardín de niños me pareció aburrido y fuera de lo que yo esperaba. Aprendía más todas las tardes con mi padre, quien dedicaba sus tardes a enseñarme a leer utilizando todos los juguetes didácticos que me había comprado. Aprendí pronto y comencé a leer cómics e historietas gran parte de mis tardes desde antes de entrar a la primaria. No encajaba, peleaba y me frustraba. Después empecé a llevar toda clase de dulces y juguetes curiosos y hasta estampas, las cuáles empecé a vender por toda la escuela y comencé automáticamente a hacer amigos, o al menos eso creía, pues sinceramente no me hubiera acercado a ellos de no ser porque mi sentido común me indicaba que no debía ser grosera si quería obtener su dinero. Como sea, aquello me enseñó que tener compañía (de solo algunas personas) no era tan mala. Descubrí lo divertido que era opinar y que si usaba palabras suficientemente elocuentes podía incluso lograr que creyeran en mí y me ayudaran incluso a hacer cosas malas.

Pero mis ánimos de convivir y de ser una persona alegre eran cada vez más pocos. Creo que fueron demostrando que, ¿por qué no? Así como yo era una persona cambiante de humor y que a veces solo le hablaba o era amable con otras personas para obtener algún beneficio, extrañamente no se me hizo increíble darme cuenta de que todos los demás también eran así y que la mayoría de personas de igual manera solo se me acercaban para algún fin. Claro que, no es por paranoia que lo digo porque también estoy consciente de que mucha gente simplemente se aburre demasiado de estar solo y no soporta pensar mucho, por eso busca desesperadamente la atención y la compañía de otras personas, pero, no es mi caso. Descubrí que desde que tengo uso de razón soy una persona a la que le gusta hacer lo que se le da la gana sin darles explicaciones ni a sus propios padres, a quien no le gusta que le den instrucciones ni menos que la contradigan, claro, a nadie le gusta eso, pero yo no lo tolero, a tal grado de que prefiero alejarme y evitar que las demás personas conozcan mi vida porque siendo honestos es un caos y cualquier persona que me aprecie o finja apreciarme se sentirá obligado a pararme, a ''ayudarme'', pero yo, la verdad a veces me siento bien cuando me tiro a la mierda. 
Es por eso que cambio continuamente de amistades y cuando siento que me conocen demasiado prefiero ignorarlos gradualmente hasta dejarlos de ver por completo, para evitar sus rencores y sus posibles desquites usando todas aquellas cosas que les he confiado, cada una representando un arma de él en mi contra. La compañía solo te impide ser y hacer lo que tú realmente quieres hacer, porque todos tienen esa insistente necesidad de controlarlo todo. 
Yo disfruto muchísimo estar sola, no hay mayor libertad que la soledad. No hay mejor lugar en el día, que la madrugada, donde todo es quietud, sin escuchar la voz de nadie, sin tener que hablar ni ver a nadie, donde solo los perros están despiertos, ya ni si quiera sé si padezco algo parecido al insomnio o definitivamente le soy fiel a mi amor nocturno. 

Sin embargo, dicen que la soledad es mala, y al parecer puedo afirmarlo, pues he llegado a excesos donde acabo encerrándome demasiado en mí misma al punto en el que termino acorralada entre las ideas más sombrías que yo misma encontré escarbando entre recuerdos y miedos que analicé en todos esos momentos de silencio solitario en mi habitación, mezclada con aburrimiento, seguido creo que lo que necesito es compañía pero cuando decido salir sigo sintiéndome vacía y aburrida, con ganas de fingir diarrea y regresarme a casa. Pero recuerdo que si, hay una manera de hacer que hable, y que me den ganas de platicar. En algunos casos el alcohol, pero hay algo que nunca me falló: el éxtasis.

Siendo honesta, lo probé porque escuché que te bajaba de peso, pues dejaba de darte hambre y sueño, aunque bueno, ese creo que nunca lo tuve. Pero terminó gustándome también su efecto: empecé a sentir que la gente a mi alrededor me agradaba, me hacía creer y sentir una verdadera felicidad y un hormigueo en el cuerpo que me hacía bailar. Me dejaba de importar el hecho de rebelar cosas sobre mí y contar anécdotas, pues creía que quería a todo el mundo. De hecho, creo que mi natal hastío y repugnancia hacia las personas desconocidas me impedía si quiera enamorarme, pues aunque una persona lograra gustarme y salir conmigo seguía sin encontrarle chiste. Pero no fue hasta que probé las drogas y tuve que convivir con alguien que me agradara estando drogada para poder hacerlo conocer al menos algo de mí y dejar de ser tan naturalmente cerrada y seca. 
Si conseguían agradarme demasiado estando drogada, probablemente también sobria empiecen a caerme bien y es así como aprendo a agarrarle el gusto y el cariño a alguna persona y si las cosas funcionan probablemente logro quererlo de verdad, al menos por algún tiempo, pero tienen que ser personas espontáneas, de esas que comprenden que pueden morir en cualquier momento y que tienen que aprovechar para hacer lo que quieran y dejen de darle su completa importancia a eso que le llaman ''futuro'', algo que ni si quiera saben si existe para ellos en el fondo lo sienten, y lejos de ponerme ataduras me llevan a conocer cosas fantásticas que quizá jamás imagine pero que definitivamente tenía que vivir. 


viernes, 18 de diciembre de 2015

La inverosímil.

Siempre fui un imán para las personas a mi alrededor. Era como la pieza en exhibición en un museo, para empezar. Luego abría la boca y lograba ser como el trailer de una buena película, sobre todo si me lo proponía. Las personas de inmediato ponían su atención en mí... ¿será que podían oler que no soy como ellos?

Nunca me sentí anormal hasta el día en el que me di cuenta de que podía ver y escuchar cosas que las demás personas no. Nunca hablo de ello porque soy cobarde. Porque la voz en mi cabeza, Samuel, no es amable ni tampoco me quiere a pesar de que yo la he creado y de que vivimos en el mismo cuerpo. Quiere matarme y lentamente, poco a poco, bajo torturas mentales e incluso me lastima el cuerpo usando mis propias manos. No hablo de ello porque a el no le gusta que se lo diga a nadie. Porque cuando eso pasa, regresa en mis ratos de soledad y me habla al oído.. puedo sentir su aliento cálido. Me empieza a insultar y me tortura con pensamientos sombríos y extraños. Voces que no comprendo y ahora no solo es él, si no que tiene compañía. Al principio conversan y puedo percibir al menos 4 personas hablando de cosas que parecen insensatas, incoherentes. La voz de Samuel es gangosa y agresiva. Fría y perturbadora. Las demás voces, algunas son chillonas y otras trémulas, recordándome el coro de ''Réquiem'' de Mozart. 


La mayoría de veces, no puedo entender sus diálogos y lo que dicen no significa nada para mí, sin embargo, aún así me incomodan de una manera sorprendente, poniéndome la piel de gallina y causando tal ansiedad en mí que empiezo a comerme las uñas o los padrastros, o a golpearme en los oídos y meneo la cabeza hasta que siento que las voces se desvanecen. Pero otras, ellos son mucho peores y son claros, me asustan, me insultan, me hablan de cosas horribles, frías, malignas, de muerte, de sangre, de peligro. Empiezo a temer a todo, hasta a mí misma. Me siento en el suelo, abrazo mis rodillas, lloro, me odio, tengo miedo. Mis manos tiemblan, deseo violencia y destrucción, deseo lágrimas y dolor, mi alma en penumbra se alimenta de catástrofes y de sangre. 


Mala suerte para mí y buena suerte para los otros si en ese momento estoy sola, pues solo puedo lastimarme a mi misma y derramar mi propia sangre, sintiéndome en ese momento fuera de si y controlada por personas imaginarias, demonios malditos, fantasmas alucinados, que no solo me han hecho querer herirme, si no que también me han arrastrado a intentar mi propio suicidio provocando que me quede con heridas y traumas en el alma y la cabeza. Hospitales y suturas, desintoxicaciones y terapias, medicamentos y lágrimas. Pero, cuando estoy acompañada, las cosas son diferentes. 

Sé de antemano que lo que escucho y veo en esos ratos no es real. Pero juro que en el momento de la crisis, la fantasía pérfida sale de mi cabeza para mezclarse también con la realidad, y heme aquí enloqueciendo y mirando incluso a mis conocidos convertirse en exraños... ¡esperen! No son extraños. Ahora son Samuel y las voces del Réquiem. De sus bocas escapa el tono gangoso de Samuel y el coro angustioso de los demás. Ya no los conozco, ahora son demonios, mis demonios malditos. Es como ver algo sobrenatural, un monstruo queriendo atacar, tengo miedo y siento odio, los odio, sus voces despiertan la violencia en mí, quiero matarlos, destrozarlos, verlos llorar y sufrir. Busco armas, pienso en métodos y planes para lastimarlos, pero sin embargo a veces reacciono con impulso y me lanzo sobre ellos. Al final me doy cuenta de que estuve equivocada y de que a pesar de haber querido lastimar a Samuel, lo que hice fue lastimar a alguien que no tiene nada que ver. Me ha vuelto a engañar y a manipular. 

Quiero ser normal y dejar las pastillas, pero tengo miedo. A veces no las tomo por un día, me acuesto en mi cama y cierro los ojos y comienzo a ver figuras raras, es todo lo que veo diariamente en mi realidad pero en proporciones extrañas. Lo grande se ve pequeño y lo chico se ve grande, o se deforma, los colores cambian y es inexplicablemente perturbador e incómodo imaginar toda esa mierda. Figuras geométricas comienzan a juntarse provocando patrones juntos y repetidos similares a un panal de abejas, provocándome una incomodidad y nerviosismo terrible y repulsivo que ni de chiste me deja dormir. Me dan ganas de rascarme el cuerpo con ansiedad. Es un aviso a lo terrible, pues la mayoría de veces las ''visiones'' llegan acompañadas de voces. Es imposible dormir y concentrarse así, si quiera respirar tranquilo es imposible, pues me falta el aire. Me pongo de inmediato los audífonos y casi siempre pongo ópera. No me queda de otra que correr por el maldito frasco de píldoras. Que importa cuánto lo describa y lo explique. No he conocido a absolutamente nadie que me pueda comprender. Un día conocí a alguien, pero ya no está en este mundo. Ay, Valentina. Tantas veces te vi en crisis sin imaginarme que algún día yo estaría igual... puedo entenderte perfectamente. Te extraño, hermana. 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Escribiendo.

''Maldita mujer alcohólica. Loca. Problemática. ¿Qué diablos ha pasado contigo? Vaya manera de ser imbécil siendo tan inteligente. Eso dicen las notas. Los exámenes. La gente que te escucha platicar. Pero, sabes que es porque no te conocen del todo. Ve y cuéntales toda tu mierda. Ve y diles todo lo que haces. Las idioteces, infamias y desastres que haces por nada. Arriesgándolo todo por nada. Como siempre. Tu vida, que ya nos dimos cuenta de que no te interesa en lo más mínimo desde que tenías 11 años, la pones al filo. Bailas en la oscuridad, entre fantasmas, frente a Leviatán, haces el mal y te haces el mal, haces sufrir y te destrozas, así eres, inteligente para razonar y para crear, pero tonta, lo suficientemente tonta como para destruir tu alma... tonta, qué te puedo decir, si desde que aprendiste a leer no has despegado tus ojos de los libros y has escrito sin fin de historias desde que eras una infante, creo que te fuiste al tope y te volviste adicta a imaginar. A fantasear. Querías vivir, encontrar, disfrutar, sufrir, pero sobre todo aprender.
¿Qué ibas a escribir ahora, nena? Para escribir, había que aprender y a veces los libros no bastaban. Tú y tu necesidad de escribir. Ahora hay que aprender, conocer, sentir. Y te diste cuenta, sin duda, de que a medida de que te arrancabas a pedazos y destruías tu vida gradualmente, sentías placer. Y es que, estar vacío es tan pesado, ¿no crees? Hay que vivir. ¿Qué es la felicidad sin dolor? Si todo lo eterno suena tan grave si lo miras bien... aburrirse es tan fácil, que incluso de la misma felicidad te puedes aburrir... entonces, la estabilidad tanto en la casa como en tu escuela, te enloquecieron. Todo era casi perfecto. Tuviste que encontrarte defectos y usaste eso de pretexto para empezar a vivir. Y te diste cuenta, de que cada experiencia, de esas que te pisotean el alma y te amargan la existencia, son todos aquellos que te dejan tal herida, que para calmarlo no queda de otra más descargar todo ese sentir en letras, en hojas, en el computador... escribiendo''

sábado, 14 de noviembre de 2015

Estoy bien.

Su actitud, de un momento a otro empezó a volverse cada vez más agresiva. Apenas pude sentir el peligro, tomé la mano de Valentina y me di la media vuelta, sin embargo, su brazo firme me sostuvo con fuerza y me jaló bruscamente hacia el, gritándome que no me iría. Mis ojos se abrieron como platos, estaba asustada. Mi amiga comenzó a gritar que me soltara y el me tenía cada vez más sometida, quise resistirme y mi cuerpo débil cayó al suelo de pronto, el me inmovilizó y en esos momentos sentía que el cuerpo se me helaba, sentía terror. Valentina le cayó encima en ese momento, golpeándolo inútil y desesperadamente con una escoba. El hombre, enfurecido, se volteó hacía ella y la jaló igual que a mí, mientras yo, decidida me le fui encima y solo conseguí un fuerte golpe que me aventó lejos y caí al suelo, desmayada. 

No sé cuanto tiempo estuve inconsciente, pero al abrir los ojos, me quedé inmóvil, aterrorizada, sin saber que hacer, mientras escuchaba los gritos de dolor y las súplicas de Valentina para que el desgraciado sujeto parara de abusar de ella, pude ver que el enorme hombre se encontraba sobre ella, quien estaba boca abajo, mientras el le escupía insultos y ofensas, obscenidades infames, entre ellas, susurró que después sería mi turno. Entonces entendí que era el momento perfecto para tratar de evitar que me hiciera daño...sigilosamente me levanté y tomé la pala que estaba a escaso un metro de mí, avancé lento hacia el y por la espalda, le propicié el golpe en la cabeza más fuerte que mis pocas energías pudieron darle, e inmediatamente, al verlo confundido por el primer golpe, le solté otro, y otro, y otro, hasta perder la cuenta y verlo en el suelo, inconsciente y sangrado, sin embargo, yo seguía golpeándolo ciega de ira, los golpes se escuchaban estrepitosos. Valentina me pidió a gritos que parara, pues lo iba a terminar matando, no la escuchaba, ella trato de quitarme la pala y entonces dejé de golpear y solté mi arma, mis manos temblaban, mis ojos estaban abiertos y sudaba frío, me sentía fuera de la realidad, con un escalofrío permanente en la espina, una descarga de adrenalina, mi radar del peligro encendido, llena de desesperación y de rabia, también de miedo. Mi amiga se amarró el vestido, que estaba desgarrado. Me suplicó que nos fuéramos, su cara estaba sangrada, no podía caminar del dolor que sentía. No hablaba, miraba fijamente al sujeto tumbado en el suelo, reaccioné, cargué a medias a mi amiga hacia la salida de la cabaña y avancé con su peso lo más rápido posible hacia la carretera. Detuve una camioneta, eran dos hombres, no me importó, no sabía ya si corría más peligro si me iba, o si me quedaba. Era una Pick-up, nos fuimos en la parte de atrás. 
-Vale...- Interrumpí el silencio postraumático - Tenemos que ir al hospital...
Se quedó callada unos segundos. 
-Estoy bien.
-Mírate... estás herida.
-Estoy bien.
-Vale, por favor...
-¡ESTOY BIEN! - Exclamó, alterada. 
-Tus padres cuando te vean, también van a enviarte al médico. 
-No lo harán. Préstame tu saco... taparé con el mi vestido roto. 
-Pero es que... ¿acaso no te duele nada? Estás herida, comprende.
-Estoy bien. No pasó nada... dame tu saco. Ayúdame a limpiar mi cara, tengo sangre. 

Llegamos a su casa y su mamá nos abrió, alarmándose de inmediato al vernos golpeadas. Sentía que se armaría un drama endemoniado, pues si yo, estaba a punto de explotar, no llegaba a imaginar como se sentía Valentina. Pero me sorprendió. Se comportó totalmente normal, incluso bromeó y dijo que habíamos participado en una pelea callejera y que estábamos bien, que solo queríamos dormir.
Una vez en su habitación, no nos atrevíamos a decir nada. Yo no sabía si decirle que había presenciado el abuso, pues temía que me culpara de no haberla salvado a tiempo, por cobarde. 
Al fin rompí el silencio.
-¿Cómo te sientes? - Pregunté.
-Estoy bien. Voy a bañarme. 
No dijo más y se metió a la regadera del baño, que estaba dentro de su cuarto. Yo me acosté en la cama, con los ojos abiertos, mirando hacia la nada, sin saber por qué pasaban estas cosas. Parecía un mal sueño. Pasó más de una hora. Valentina no salía. Toqué la puerta varias veces sin obtener respuesta, así que temiendo que estuviera mal, me metí sin más. La vi tirada en una esquina de la ducha, en posición fetal, mirando hacia un solo lugar, con moretones en el cuerpo. 
-Debemos ir a la policía- Le dije, sin saber qué decir, en realidad.
-Olivia, me duele. 
-¿Qué te duele?
-Todo...
Se levantó de golpe y me abrazó con fuerza, sollozando amargamente en mi hombro.
-¡Ayúdame! ¡siento que me estoy muriendo, ayúdame!
Me suplicaba, mientras yo trataba de consolarla y la abrazaba fuerte también y le decía que teníamos que solucionarlo, que todo iba a estar bien, hasta terminar sentada con ella en la esquina de la regadera, con la ropa puesta y su cabeza en mi pecho. 
-Debemos denunciarlo. Hay que decirle a tus padres, necesitas terapia, esto no lo puedes superar sola, comprende. - Le dije.
-No estoy sola, tú lo sabes y tú dijiste que ibas a apoyarme en todo.
-Claro que lo haré, pero en estos casos necesitas que se haga justicia y mucho apoyo, aparte del mío...
-No lo creo, entre menos gente lo sepa mejor. Seguro el hombre está muerto. Te meterán a la cárcel. 
-No estaba muerto, Vale. Yo lo sé. 
-No te arriesgaré. Tú me salvaste.
Me quedé callada. Me dio vergüenza. Yo no la he salvado. Me había salvado a mí. 

Me dio tristeza dejarla sola ese día, salí de su casa y al dirigirme a la mía, pasé al supercito y compré una caja grande de cereal de chocolate. La escondí en la mochila e intenté llegar a casa con la mejor de mis caras, tratando de terminar de saludar lo más rápido posible para encerrarme en mi cuarto. Entré al baño con la caja de cereal y me atraqué de hojuelas como una loca, sin casi masticar, sintiendo que las lágrimas se acumulaban en mis ojos, pero el cereal las retenía. Vomité unas cuatro veces y me acabé la caja. Estaba asqueada. Asqueada por haber descubierto la clase de personas basura que hay en este mundo. Asqueada al recordar lo cobarde que fui. 

Volví a salir de casa y me fui con Daniel. Llegué a su cuarto y me acosté en su cama. Primero dejé que violaran a mi amiga. Luego, no se me ocurrió mejor cosa que hacer que venir a casa del hombre que ella ama, quien a su vez, es mi novio a escondidas. Soy una traicionera. Y ella, que me ve como una heroína... no se imagina la magnitud de mi egoísmo.. yo tampoco puedo creerlo, pero me siento cada vez más superflua. Daniel se acostó a mi lado y me besó, luego quiso tocarme. Las escenas vividas el día anterior, brotaron en mi mente. 
-Hoy no, Daniel. Hoy solo necesito compañía. Solo limítate a abrazarme, por favor.-
Me recargué en su pecho.
-¿Qué es lo que te pasa? - Me preguntó.
-Nada. 
-¿Estás bien?
-Estoy bien. 
-No te escuchas bien. Ya dime qué te pasa.
-Me pasa, que la vida es horrible. 
-¿Por qué lo dices?
-Es horrible. -
-Mírame a los ojos...¡estás llorando! ¿qué te ha pasado?
Hundí mi cara en su pecho, apretándola con fuerza aunque el me quería levantar la cara y me preguntaba con insistencia que sucedía. Me empecé a desahogar un poco y comencé a llorar un poco más fuerte. Dejó de hacer preguntas y también me abrazó, con ternura. 
-¿No vas a decirme nada? ¿Como voy a ayudarte así? Porque como quisiera ayudarte... como quisiera que dejaras de sentir dolor, que confiaras en mí, que me dejaras al menos intentar mejorar tu vida...te quiero tanto...
Y yo, lo quería a tal grado, que a pesar de saber que no era un acto leal para la afectada en esta historia, no podía alejarme de el. Confiaba en el, aunque no lo pareciera. Lo necesitaba. 

Ella dijo que no dijera nada de lo que había pasado. Dijo que lo superaría, que estaría bien. Pero fue como el incienso... se consumió poco a poco, día a día, dejándome una huella, una cicatriz que no se ve, pero que es de las más grandes que tengo. Me dejó con culpa. Con la boca cerrada hasta el día de hoy, que nadie nunca supo lo que sucedió. No me atrevo a hablar con nadie sobre esto. Alguien pudo ayudarla en ese entonces, quizá alguien hubiera podido rescatar su alma, tan herida, tan hecha añicos... pero ella se dejó morir. Y yo, con mi silencio, la dejé morir también. La manipulé. Experimenté con ella. La conducí a la borda. La maté. 



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lunes, 9 de noviembre de 2015

No sé.

Hay amores que parece que nunca podrían ser, pero aparecieron en el momento preciso. 
tú fuiste así.
me enseñaste a sentir...
a vivir.
era todo. 
llegaste a instruirme, a levantarme.
y se sentía tan bien...
que me aferré al hilo de tu voz
aún cuando ya no quedaba nada.
cuando la magia de tu exclusividad se perdió.
cuando descubrí que pasaban los días
y yo podía estar sin ti
incluso, pensaba en él.
salía con él.
dormía con él,
le escribía y también me hacía sentir. 

Pero tú, fuiste locura
Fuiste efímero como cualquier buen momento,
seco y luminoso como el sol,
viniste a ser el primero
en cosas que ni si quiera sabía que se tenían que vivir.
yo, fuerte y testaruda
dura y despreocupada,
llegaste tú a llevarte mis estribos
a despertar mis fantasmas
y a reproducirlos
hoy existen muchos que antes no tenía
tú eres uno de ellos.

Hace cuatro días que rompiste mi ilusión
derribaste el pedestal en el que te tenía
mis sueños se rompieron
mi alma se rompió
los pedazos se clavan en mis entrañas
las lágrimas me traicionan aunque yo no quiera...
tú eres ese fuego 
en el que me gustaba revolcarme
te quise
tanto te quise...
que no me duele lo que me hiciste
más de lo que me duele no poder perdonarte. 
¿qué más quisiera yo que abrazarte?
pero ya no eres el mismo
eres parte de la utopía que yo misma construí.

Los días desde aquél miércoles...
el primero, te odié
quise verte hundido
el jueves, 
te reemplacé
quería olvidarte
el viernes, 
pensar en ti, en mi tumba
que es mi habitación
donde parezco muerta en vida
hielo que no se derrite.
el sábado...
fui a un concierto. Me ha desgarrado el sonido del violín.
me acuerdo de ti  cada segundo.
el domingo...
No he podido más. He llorado. 
Y el lunes...
estoy escribiendo esto.
Resignada.
Atormentada. 
Adolorida.
y perturbada.
¿por qué tenías que ser igual que yo?
entonces entendí
que solamente estamos enamorados del recuerdo.
De nuestras historias.
¿Quién diría que después de amarte con locura, iba a querer verte sufrir?
dicen que el amor es desinteresado
como el amor maternal
mi amor por ti no es así
es un amor caprichoso
que exige que me hagas sentir bien
no te amo a ti
amo lo que provocabas en mí
contigo me comporté como una niña con corajina
cuando sentía que te ibas
mis sentidos explotaban.
ahora que no estás conmigo
no deseo tu felicidad.
deseo que sufras y que me recuerdes
quiero seguir viva en tu mente
ser aún una llama en tu corazón
me niego a que el ''nosotros'' se muera. 
quiero que lamentes todos los días mi partida. 


Martes en la madrugada. 

¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y Daniel? Que  tú solo me haces escribir para ti cuando me haces sufrir. Y Daniel... el me hace escribir tanto cuando me hace feliz, como cuando me hace ''sufrir'', si se le puede llamar así a las pequeñas rabietas que he tenido por culpa suya. Listo. Ni una lágrima. Al menos Daniel, jamás me hizo llorar. 
Solo una vez lo he visto enfurecer, empezó a arrancar el collage de la pared y rompió la mesita de centro a patadas. Jamás me dijo frases hirientes. ¡Ja! Y yo que tanto me cuidé de él, no quise caer en sus manos por miedo a ser herida, tomando en cuenta también lo cruel que el fue con un par de noviecillas suyas. Sin embargo a ti, estúpida y ciega te entregué todo de una vez por todas sin ni si quiera conocerte. Qué irreconocible fui yo en esos momentos, solo recuerdo que las libertades en mi casa habían acabado, había abandonado mis estudios y la tensión entre mis padres y yo se volvió cada vez peor, como siempre. Papá y yo somos parecidos, por eso algo incompatibles. Tal vez ya estaba harta de estar en casa, de mis amigos, de las personas a mi alrededor. Harta de todo. 
Y tú llegaste, sin ser para nada, gran cosa. Lejos de ser el galán inteligente y estable que yo soñaba, eras alguien igual de confundido y loco que yo, a quien conocí en otra ciudad y solo había visto una vez cuando fui de visita. Después de unos días, decidiste abandonar tu trabajo para venir a quedarte unos días a mi ciudad y yo dejé que lo hicieras, pensando que si me desagradabas me podía largar a mi casa y tú jamás me encontrarías. Sin embargo, fue diferente y sentí contigo una conexión nunca antes experimentada en todos los aspectos, tal vez porque mi vida se había centrado en destruirse y porque yo no era la persona más abierta con los hombres, de hecho, era muy raro que me gustara alguno y mucho más raro que me interesara de verdad, casi todos me decepcionaban apenas los conocía y ni si quiera me daban tiempo de agarrarles el gusto aunque confieso que a veces los deseos naturales me hacían tener que convivir con ellos por obvias razones. Pero contigo, todo fue distinto, me sentía libre y comprendida, feliz, satisfecha y divertida. Sabiendo que te ibas a quedar unos días en el hotel y que ya éramos novios (a los 4 días de vernos)  y tomando en cuenta que tenía tres días que no volvía a casa y que mis padres estarían furiosos, y sabiendo que el me había propuesto ya irme de mi ciudad a la suya, me pareció divertido y le dije:
-Voy a mi casa a ver que me dicen mis padres. Si llego con mis maletas, es que la cosa no salió bien.
Emocionado, dijo que si. 
Y yo, me fui a mi casa y llegué con la mentalidad de largarme. Llegando, me regañaban mis padres y yo los provoqué para que mi papá dijera la palabra mágica; ''y si no te parecen las reglas de la casa, la puerta está grande''. Hice mi maleta, y me regresé al hotel. Ya no estabas. 

Mentira, lamentablemente, seguías ahí. Y desde ese día hasta 8 meses después, no nos separamos. Nos fuimos a tu ciudad e hicimos incontables tonterías acompañadas de aventuras extrañas, extravagantes, interesantes, trágicas... algo de película, digno de relatarse, llena de gente interesante o extremadamente estúpida que asombraba. Miles de lágrimas, gritos de todo tipo y momentos que debo admitir, hermosos, que en ese tiempo quiero creer que eran reales, ¿verdad? Se sentía como que si y no había momento para fallarnos simplemente porque avanzábamos juntos y el camino por recorrer, ahora, era nuestro. Aprendí incontables cosas, aunque desgraciadamente todas fueron malas. Lo mío contigo no es un cuento romántico, ni una novela cursi. Es una serie de golpes, fracasos y malas mañas. Me estaba convirtiendo en literalmente, una criminal si no es que ya lo era. O en el peor y más probable de los casos, una loca perdida, sin estribos, capaz de cualquier estupidez. Contigo me desconocí, ya no fui la mujer serena y cautelosa que se cuidaba tanto de Daniel y de cualquier otro hombre, seguía siendo una drogadicta, alcohólica y fumadora pero ahora por dos, también aprendí a controlar el alcohol porque mis borracheras ya no eran de este mundo, me salía de mis casillas y hacía que de cualquier manera acabaran trágicas, llenas de sangre. 
Contigo perdí la poca vergüenza que me quedaba. Aprendí que la gente puede ser muy mentirosa, de hecho ya no sabes a quién estás conociendo ni si quiera después de millones de palabras cruzadas. Aprendí a hacer crack. Me di cuenta de lo leal que puedo ser cuando se merecen mi respeto. Y también lo desconsiderada y cruel que puedo ser con quien se gane mi desprecio. Aparecieron partes de mí que no conocía y descubrí sentimientos que aún no se sentían... experimenté un amor y un odio tan grande que es difícil describir con palabras.

Ahora que todo acabó, me pregunto, ¿Por qué parecía que era ''feliz'' contigo si en realidad no hacía más que destruir mi vida? Descuidar mis estudios, querer prácticamente casarme a mi corta edad...¡¿QUÉ DEMONIOS ME PASABA?! Con razón mi padre quería ahorcarme, pues le daba un coraje inmenso darse cuenta de que echaba mi futuro por la borda sin que el pudiese hacer nada. Y yo que lejos de escucharle, le ignoraba y hasta me indignaba.
Menos mal que no pasó más tiempo para que yo me diera cuenta de que no valía la pena. 

Hoy, día martes, acabo de volver a platicar con Daniel y después de la asquerosa sensación que traigo desde hace casi una semana por tu culpa, he vuelto a sentirme feliz y querida sin necesidad de que el me toque. Es que el, tenía una actitud tan diferente y contradictoria, seria a veces, alegre seguido y cursi en contadas ocasiones, aunque a veces sin hablarme pero sintiendo las yemas de sus dedos en mi piel, podía decirme muchas cosas. El soltaba las palabras indicadas, en el momento indicado. A veces tardaba. Y yo, empezaba a creer que había problemas y me marchaba. Después, siempre me buscaba y desesperado por recuperarme me mostraba todo lo que había escrito para mí. A diferencia de contigo, con el fui honesta y le mostré lo extraña y mala que a veces puedo ser y a ti, no te quise asustar. El también me mostró sus peores facetas. 

Daniel casi pierde las esperanzas de estar conmigo. Nos fuimos a ciudades diferentes y ambos sabemos que tenemos que hacer nuestras vidas y si encontramos algún amor, no tenemos por qué dejarlo ir por culpa de lo nuestro, que era incierto. No he descubierto que el tenga algo formal, pero el a pesar de que me ha visto en una relación formal y volviendo a tropezar con la misma piedra, no se ha ido del camino y honestamente, siempre ha estado para levantarme. Lo hace perfectamente. 

domingo, 8 de noviembre de 2015


Parte 1.
Nunca podré entender por qué te alejase de mí. ¿Habrá sido enojo de verdad, o era tu miedo a seguir enganchada a mí? O, en el peor de los casos, ¿era acaso que no me hablas porque sencillamente ya no te intereso en lo más mínimo? ¿Será que ni si quiera me recuerdas mientras yo paso cada noche preguntándome por ti, por tu vida, por lo que piensas? Debo decirte que es muy complicado para mí enviarte esto, pero necesito que lo sepas porque aunque no escuche tu voz o lea algún mensaje tuyo, sé que al menos mientras lees esto vas a acordarte de mi y alguna emoción lograré provocarte. Eso, para mí, a comparación de estar totalmente abandonado, es suficiente.

Es fatal, nostálgico y a la vez hermoso para mí entrar a mi casa y observar las paredes pintadas por ti, quedarme mirando tus dibujos mientras aquel pensamiento infinito me llevaba a terminar mirando hacía la nada, quizá porque algún dolor en el pecho me impide dejarme llevar por la emoción, pues no seré más que añicos, tal y como desde que te fuiste, soy como un muerto que camina, no siento ni si quiera la diversión, ni el enojo, excepto cuando me harto de extrañarte tanto y me pongo a pensar en todos aquellos que en estos momentos están gozando de tu compañía, la sangre me hierve en las venas y no hay comentario o actitud que no me reviente, al grado de tener que ser violento y meterme en problemas, ya me conoces. Los dibujos que me obsequiaste tienen ojos, una mirada penetrante y expresiva, tales como tus propios ojos, que me observan, te has ido pero me has dejado vigilado y ahora parece que tu recuerdo se esfuerza en impedirme ser feliz. ¿Qué me has hecho?

La conocí cuando era un niño y fue mi primer amor, Lú era la niña más bonita del salón de clases, y a pesar de llenarla de cartas y dulces, me rechazó tantas veces que ya no sé cuántas en exactitud, decía ser muy pequeña aún para tener novio.
La frecuenté también durante la adolescencia, la volví a invitar a salir no una, si no varias veces. Me rechazó porque tenía pareja.
Hace algún tiempo, me agregó a redes sociales y ¡ella misma me pidió salir y conocernos! Pero, ni si quiera me dio tiempo de alegrarme. Algo me intrigaba, me preocupaba, me llenaba de celos y me carcomía, y la causante de eso, eras, como siempre: TÚ.
No importa que mi amor platónico me estuviese hablando en ese momento. Tú en ese momento, estabas saliendo con un ''amigo''. Eso me tenía bastante malhumorado y ocupado. Solo pensaba en ti, como siempre. Desgraciadamente, tú, con tu indiscreción característica y tu falta de sentimientos, te encargaste de que yo me diera cuenta de que el chico no solamente era tu amigo, y despechado, fui a buscar a Lú y le dije que siempre si quería salir con ella.
Nos vimos en un café y platicamos, si es que se le puede llamar así, Era linda, si. Pero bastante boba, inculta y vacía. Pero eso no significaba que no me la llevaría a la cama, así que quedamos en ir a un sitio más tranquilo, entonces mi teléfono sonó. ¿Recuerdas esa vez que me dijiste que te ayudara de regresar de una fiesta que te daba mala espina? Pues olvidé por completo mi asunto y te dije que iría para allá. Cuando se lo dije a la chica, se puso notablemente furiosa y hasta quiso obligarme a llevarla a su casa, pero molesto, hice que se fuera después de recibir una bofetada. Ya habían pasado 15 días desde que no me hablabas, en mi interior, mi cerebro dijo ''¡Te volvió a utilizar! Como siempre'', pero mi corazón gritaba más fuerte que seguro también me extrañabas. Te vi y no dijiste nada, no hablaste y parecías molesta, y en un alto, mientras me quejaba de tu frialdad, me callaste con un beso igual que las películas, y fuiste tocándome todo el camino hasta que terminamos en mi casa, teniendo una noche increíble y de fuego, que valía más que mil ''Lú''.

Es ahí donde también aparece mi confusión... ¿Por qué no me dices que me quieres o me llenas de mimos como lo hacen las demás mujeres? Solo te limitabas a besarme únicamente si estábamos a solas, no me dabas la mano, no me hablabas bonito. Les hablaba de ti a mis camaradas y cuando al fin te conocían, iba orgulloso a presentarles a la joya de mujer preciosa que está a mi lado, sin embargo tú parecías repudiarme en frente de ellos. Eras, notablemente otra persona distinta con ellos a como eras conmigo, que para mí, era tu lado casi auténtico, pues siempre he sabido que haces cosas que no me imagino y no estoy seguro de querer hacerlo. Pero a pesar de todo, la persona que eras conmigo era la que más me gustaba. Eras graciosa, inteligente, tocábamos temas profundos, componíamos canciones, pintábamos, hacíamos dibujos y teníamos sexo todo el tiempo, y en ese momento podía sentir que ahora todo era diferente, nos mirábamos a los ojos, nos decíamos cosas y seguíamos en contacto al acabar, pues no eras como hace años que de inmediato te vestías y muchas veces, simplemente te marchabas. Te conocí lentamente, vi tu proceso de destrucción y las veces que te vi levantarte... poco a poco me di cuenta de que había en ti, un gusto por lo prohibido, por el peligro y la adrenalina, que aunque tuvieras todo para ser feliz, decides complicarte la vida por cosas que quieres probar, tú no conoces límites. Te parecías a mí, pero más lista y serena (cuando estabas lúcida) y obviamente mucho más rara.
¿Como es posible que cuando estemos solos me hagas reír, me beses tanto y me hagas tener mis mejores orgasmos pero al otro día te comportas como si no me conocieras?
Lo entendería si hubiera sido una noche loca, pero nosotros, ya hemos tenido incontables de esas...
Llegué a pensar que a ti lo único que te hace feliz es el sexo, pues solo así te pueden tener contenta.