Trato de creer que no te oigo, pero siempre estás ahí.
¿Quién te estará creando?
A veces odio mucho más a mi cabeza, porque vives aquí, tú, maldito.
¿Por qué ese tono gangoso en tu habla? Te odio.
Y hoy que tengo la fuerza de hablar de ti, reclamame, no importa.
Ahí sabré si existes de verdad o yo te estoy creando.
Dicen que estoy enferma.
Todos tenemos algo diferente, seguramente.
Aunque no a todos nos mata...
A mí tampoco me ha matado,
Solo me hiere y está llenándome de miedo, o de odio, o de preguntas.
Estoy, muy en el fondo de los medicamentos, triste.
Decepcionada de que sea verdad que tengo un problema.
Más allá de la comida, más allá de estar gorda, de estar flaca, de las personas...
Pero igual creo que pienso demasiado bien como para no estar cuerda,
Y luego pienso que pienso demasiado y tal vez por eso me volví loca.
Veo, pienso y escucho cosas que los demás no pueden oír.
A veces, hasta las huelo, veo figuras extrañas cuando cierro los ojos.
Y a mis pinceles y a mis pinturas, les gustan.
Nadie lo sabe,
Pero cada vez me punza más el oído y las voces se cortan, se escuchan más...
¿Deterioradas? Y a veces se ríen.
Y cuando estoy acompañada, la gente me platica y cree que yo les presto atención,
cuando en realidad quisiera gritarles que se callen, ¡QUE NO ME INTERESAN!
Vivo en mi mundo aunque respire del mundo,
Y me cuesta averigüar incluso lo que... ¿pienso?
A veces dudo ser yo la única que vive en mi cabeza,
Porque a veces, incluso habla de cosas que no entiendo...
¿Qué importa que lo diga, lo escriba y lo publique?
Nada va a cambiar aunque lo lea quien lo lea,
Me importa poco lo que pasa a mi alrededor.
Todo el huracán y la multitud que está escondida detrás de mis problemas que incluso, parecen virtudes.
martes, 3 de febrero de 2015
lunes, 2 de febrero de 2015
Crudo ''amor''.
Acoge mi ego.
Tal vez no te amaba, tal vez solo amaba la forma en la que parecías amarme.
Me enamoré de la sensación de sentirme menester de un corazón latiente, como el mío lo es.
Quizá solo quería sentir lo que es el amor propio, experimentándolo en tu carne.
Necesitaba acoger mi cuerpo entre otros brazos que no iban a dejarme ir.
Necesitaba simplemente ser querida como yo nunca me quise.
Como quizá nunca llegue a quererme.
No te necesito a ti, necesito lo que sientes.
Quiero que me sientas, cuando no lo hagas, ¿qué podré querer de ti?
Si eres tú o no eres tú, quiero que me necesiten.
Quiero sentir el cariño pulcro que solo quiere verme sonreír, no como yo, que si alguna vez me quise, nunca fue en su totalidad.
Quisiera quererme con un cariño dominante, de esos que acarician el alma, quererme para ya no necesitar que me quiera nadie más
¿Cómo creerte maravillosa si nadie te demuestra que lo eres?
Quiero ser solo yo y para mi, siempre suficiente.
Pero ni si quiera podría experimentar pasión solo con mis propias manos.
Déjame, no me dejes nunca, pero siempre súfreme.
Siempre recuérdame.
Quiero que te desmorones cuando pronuncies mi nombre.
Cada momento donde me extrañes, va a alimentarme.
No me dejes morir de hambre, porque podría ser literal.
Voy a transmitir lo que tengo maravilloso con cada roce con sus pieles.
Quiero quedarme grabada en sus mentes.
En la tuya, no quiero desaparecer jamás.
No quiero ser superada por nadie, nunca.
No me dejes morir de hambre,
Nunca dejes morir a tu chica narcisista,
Necesita recordar por qué la aman, para poder amarse a sí misma.
Tal vez no te amaba, tal vez solo amaba la forma en la que parecías amarme.
Me enamoré de la sensación de sentirme menester de un corazón latiente, como el mío lo es.
Quizá solo quería sentir lo que es el amor propio, experimentándolo en tu carne.
Necesitaba acoger mi cuerpo entre otros brazos que no iban a dejarme ir.
Necesitaba simplemente ser querida como yo nunca me quise.
Como quizá nunca llegue a quererme.
No te necesito a ti, necesito lo que sientes.
Quiero que me sientas, cuando no lo hagas, ¿qué podré querer de ti?
Si eres tú o no eres tú, quiero que me necesiten.
Quiero sentir el cariño pulcro que solo quiere verme sonreír, no como yo, que si alguna vez me quise, nunca fue en su totalidad.
Quisiera quererme con un cariño dominante, de esos que acarician el alma, quererme para ya no necesitar que me quiera nadie más
¿Cómo creerte maravillosa si nadie te demuestra que lo eres?
Quiero ser solo yo y para mi, siempre suficiente.
Pero ni si quiera podría experimentar pasión solo con mis propias manos.
Déjame, no me dejes nunca, pero siempre súfreme.
Siempre recuérdame.
Quiero que te desmorones cuando pronuncies mi nombre.
Cada momento donde me extrañes, va a alimentarme.
No me dejes morir de hambre, porque podría ser literal.
Voy a transmitir lo que tengo maravilloso con cada roce con sus pieles.
Quiero quedarme grabada en sus mentes.
En la tuya, no quiero desaparecer jamás.
No quiero ser superada por nadie, nunca.
No me dejes morir de hambre,
Nunca dejes morir a tu chica narcisista,
Necesita recordar por qué la aman, para poder amarse a sí misma.
jueves, 29 de enero de 2015
Día Uno.
Crisis pasada y superada. De nuevo volví a explotar. Creo que es lógico, nunca siento nada, nunca me importa nada, el periodo de apatía suele ser un poco largo. Pero si hay frustración, hay lágrimas atoradas en mis ojos, por eso abro la boca y la tuerzo lado a lado, endurezco la mandíbula, miro hacia el techo, aprieto los dientes, los puños, y no exploto. Llorar de tristeza no es tan grave... llorar de enojo es insoportable, porque si en vez de desquitarme tengo que quedarme callada, la furia contenida me tensa los músculos, me aprieta en el pecho, lo aplasta, me duele y me quema, y siempre, al final de todo, al final de tanto contenerse y aguantar las explosiones, un día todo se acumula y ¡BAM! Tarde o temprano, reviento. Y hay sangre, siempre termina habiendo sangre, mía, de alguien, de quien sea. Y lágrimas, muchísimas. Salen todas las lágrimas durante el ataque psicótico. Imposible medir la fuerza con la que paso la navaja, mi gran problema, no le temo a la muerte ni un segundo mientras tenga odio en mi pecho. Imposible medir la fuerza cuando lastimo a los demás que me hacen enojar. Ante los que me hacen daño parezco tan despiadada y sin embargo, no tengo la mínima compasión por mi pobre cuerpo y mi pobre mente. Y la voz se burla, repitiendo ''¡Mira como me haces caso!'' Una y otra vez.
Los monstruos nunca se fueron, solo estaban dormidos. Siempre terminan saliendo y al momento, parece que los quiero. Si, admiro su coraje y su poder para apiadarse de mí. Me río siempre que los veo aparecer, y cuando todo pasa y miro la gran obra, siento vergüenza y mucho miedo.
Y todo para que la única esperanza que me quede, no sea ser feliz, no sea el tiempo, si no un frasco de pastillas de esas que te hacen ver estrellas y sonreír como imbécil, conteniendo el mar de baba en la boca. Es lo único que puede acercarme a sentirme y actuar como alguien normal, sonriendo aunque en el fondo sepa que todo sigue igual, y me daría cuenta si no fuera por los medicamentos, que aunque la mejoría no sea real para mí, es real porque lo parece, superficialmente, y mientras todo salga bien y yo tenga una sonrisa en la cara, supongo que vale la pena soportar que unos desconocidos te exijan que les cuentes tu vida sin conocerlos, así tan fácil, y escuchar sus comentarios idiotas de: ''¿Estás dispuesta a curarte?'' Pues míreme, estoy aquí sentada en su maldito consultorio contestando sus preguntas, entonces evidentemente si quisiera curarme. ''¡Oh, pero si no cambias tu actitud, no podrás recuperarte'', siendo que si pudiera cambiar mi actitud sin ayuda, no estaría aquí en este hospital viendo su cara rancia, ¿No cree?.
Y me doy cuenta de que para sobrellevar la vida sin enfermarte la cabeza, no tienes que tratar de pensar más allá de lo que se escuche bonito, aunque a veces lo que se escucha bonito es demasiado falso y demasiado simple para lo cruel y compleja que es la vida, en realidad. Y si uno no es capaz de actuar de acuerdo a la sencilla y adornada ideología de las personas comunes, tienes que tomar medicamentos que te ayuden a acercarte a la realidad que la sociedad nos inventó.
Los monstruos nunca se fueron, solo estaban dormidos. Siempre terminan saliendo y al momento, parece que los quiero. Si, admiro su coraje y su poder para apiadarse de mí. Me río siempre que los veo aparecer, y cuando todo pasa y miro la gran obra, siento vergüenza y mucho miedo.
Y todo para que la única esperanza que me quede, no sea ser feliz, no sea el tiempo, si no un frasco de pastillas de esas que te hacen ver estrellas y sonreír como imbécil, conteniendo el mar de baba en la boca. Es lo único que puede acercarme a sentirme y actuar como alguien normal, sonriendo aunque en el fondo sepa que todo sigue igual, y me daría cuenta si no fuera por los medicamentos, que aunque la mejoría no sea real para mí, es real porque lo parece, superficialmente, y mientras todo salga bien y yo tenga una sonrisa en la cara, supongo que vale la pena soportar que unos desconocidos te exijan que les cuentes tu vida sin conocerlos, así tan fácil, y escuchar sus comentarios idiotas de: ''¿Estás dispuesta a curarte?'' Pues míreme, estoy aquí sentada en su maldito consultorio contestando sus preguntas, entonces evidentemente si quisiera curarme. ''¡Oh, pero si no cambias tu actitud, no podrás recuperarte'', siendo que si pudiera cambiar mi actitud sin ayuda, no estaría aquí en este hospital viendo su cara rancia, ¿No cree?.
Y me doy cuenta de que para sobrellevar la vida sin enfermarte la cabeza, no tienes que tratar de pensar más allá de lo que se escuche bonito, aunque a veces lo que se escucha bonito es demasiado falso y demasiado simple para lo cruel y compleja que es la vida, en realidad. Y si uno no es capaz de actuar de acuerdo a la sencilla y adornada ideología de las personas comunes, tienes que tomar medicamentos que te ayuden a acercarte a la realidad que la sociedad nos inventó.
jueves, 15 de enero de 2015
COMIDA, COMIDA, COMIDA.
Recuperarse es algo muy difícil de entender. A veces, mi corazón late muy fuerte, me mareo y vomito sangre. Mi estómago arde y digo, ''¡ya es suficiente, debes parar!'', me pruebo mis pantalones y ninguno me ajusta, incluso los que no me quedaban, me estaban volviendo a entrar y hasta ya se me estaban cayendo. Uy si, qué preocupante, seguía sonriendo, a quién le miento, Me gustaba adelgazar, lo que resultaba arriesgado ahora que estoy en el límite de verme un poco normal. Me confundía mucho, y después de analizar aquellos puntos y estar consciente de que no quería morir ahora ni tampoco quería bajo ninguna circunstancia regresar a la horrible clínica, me decidía según yo hasta firmemente a intentar volver a comer, ya era suficiente por ahora, era momento de volver a acostumbrarme al menos a digerir, ya que supongo que no está bien que el estómago me duela al punto de retorcerme por el simple hecho de omitir vomitar algún alimento demasiado pesado.
Así es como bajo decidida a la cocina y me cocino un gran sándwich, que finalmente termino medio vaciando porque sé que no me lo acabaría. No logro terminar ni la mitad, me siento muy llena. Forzosamente me acabo todo y las náuseas son inevitables. No me siento tan mal porque después de todo iba a vomitar, ¿No? Era mucho, que tal y engordaba.
Después me doy cuenta de que en realidad si tengo mucho miedo de que los jeans pequeños que uso dejen de quedarme. Tengo miedo y solo de imaginarme a mí misma más gorda y usando tallas que antes usaba, siento escalofríos y me da una ansiedad tremenda que me hace desear ayunar por muchos días y perder mucho más peso. Y después de comer tengo el super poder de mirarme al espejo y sentir que instantáneamente mi cara se ve tan inmensa y redonda como la tenía antes. Dejan de importarme las ganas de salir de esto y regresa mi necesidad de estar hambrienta y es que si, realmente solo puedo sentirme plena y totalmente feliz si además de todo no he comido. Comer, siempre me hace sentir preocupada. Si comparo la felicidad que me daría estar en un buffet con mi comida favorita a la felicidad que me da poder ver los huesos de mi cadera, la verdad la comida, ¿A quién le importa?
Es real que no puedo dejar de sentirme relativamente feliz por el hecho de haber adelgazado, ya que supuestamente esa era la raíz de todo este desastre, ya recuerdo, si, quería ser delgada, muy delgada, que todos cuando me miraran, pensaran, ''¡WOW, ES MUY DELGADA!'', lo cuál ahora llegó a ser irónico ya que incluso a veces me enojo cuando la gente me repite mucho que adelgacé o que estoy delgada. Pero finalmente y en el fondo, me da mucho gusto que lo noten y que vean que si, soy delgada, como ustedes jamás creyeron que llegaría a ser. Pero qué puedo hacer ahora que no solamente me gusta adelgazar y ser delgada, si no que aparte disfruto de una extraña satisfacción al sentir mi estómago retorcer de hambre. Es mucho más bonito para mí que comer algo rico.
Es cierto que además de todo al vivir en esto tan entre la vida y la muerte, y sabiendo que finalmente, es un suicidio progresivo que supuestamente está bajo mi control, yo sé que si quisiera morirme ahora simplemente ya estaría tomando bien las cartas en el asunto, pero si considero que me faltan algunas cosas por vivir, con un poco de voluntad y usando la lógica para combatir las ideas locas de mi enfermedad, logro no dejar de alimentarme lo que sea necesario para mantenerme viva y además delgada. A ver qué pasa.
Así es como bajo decidida a la cocina y me cocino un gran sándwich, que finalmente termino medio vaciando porque sé que no me lo acabaría. No logro terminar ni la mitad, me siento muy llena. Forzosamente me acabo todo y las náuseas son inevitables. No me siento tan mal porque después de todo iba a vomitar, ¿No? Era mucho, que tal y engordaba.
Después me doy cuenta de que en realidad si tengo mucho miedo de que los jeans pequeños que uso dejen de quedarme. Tengo miedo y solo de imaginarme a mí misma más gorda y usando tallas que antes usaba, siento escalofríos y me da una ansiedad tremenda que me hace desear ayunar por muchos días y perder mucho más peso. Y después de comer tengo el super poder de mirarme al espejo y sentir que instantáneamente mi cara se ve tan inmensa y redonda como la tenía antes. Dejan de importarme las ganas de salir de esto y regresa mi necesidad de estar hambrienta y es que si, realmente solo puedo sentirme plena y totalmente feliz si además de todo no he comido. Comer, siempre me hace sentir preocupada. Si comparo la felicidad que me daría estar en un buffet con mi comida favorita a la felicidad que me da poder ver los huesos de mi cadera, la verdad la comida, ¿A quién le importa?
Es real que no puedo dejar de sentirme relativamente feliz por el hecho de haber adelgazado, ya que supuestamente esa era la raíz de todo este desastre, ya recuerdo, si, quería ser delgada, muy delgada, que todos cuando me miraran, pensaran, ''¡WOW, ES MUY DELGADA!'', lo cuál ahora llegó a ser irónico ya que incluso a veces me enojo cuando la gente me repite mucho que adelgacé o que estoy delgada. Pero finalmente y en el fondo, me da mucho gusto que lo noten y que vean que si, soy delgada, como ustedes jamás creyeron que llegaría a ser. Pero qué puedo hacer ahora que no solamente me gusta adelgazar y ser delgada, si no que aparte disfruto de una extraña satisfacción al sentir mi estómago retorcer de hambre. Es mucho más bonito para mí que comer algo rico.
Es cierto que además de todo al vivir en esto tan entre la vida y la muerte, y sabiendo que finalmente, es un suicidio progresivo que supuestamente está bajo mi control, yo sé que si quisiera morirme ahora simplemente ya estaría tomando bien las cartas en el asunto, pero si considero que me faltan algunas cosas por vivir, con un poco de voluntad y usando la lógica para combatir las ideas locas de mi enfermedad, logro no dejar de alimentarme lo que sea necesario para mantenerme viva y además delgada. A ver qué pasa.
miércoles, 7 de enero de 2015
Ebriedad.
Tienes un tornillo totalmente zafado. Uno, quizá varios, no sé cuántos deban tenerse.
Tu cara, normal, como todos los rostros, quizá más bonito que algunos y menos agraciado que otros tantos. Una mujer normal, promedio. Al menos por fuera. ¿Qué estoy diciendo? No conozco los demás interiores, no sé qué tan realmente diferente puedo estar.
No sé si te conozco. Creo que no eres como pienso. Eres peor. Y mejor al mismo tiempo.
Que aborrecible es el mundo en el que estoy parada, que estúpido parece todo a mi alrededor, qué estúpida soy también, ¡cuánto odio este mundo!
Me siento sola, pero nadie es buena compañía.
Me siento triste, pero nadie me hace feliz.
Me siento tonta, pero nadie me impresiona.
Me siento enamorada, pero no amo a nadie.
Egoísta, como todos, tan egoísta como toda persona, sería muy feliz si no mirara la clase de porquería que en realidad soy, y peor aún, si no pudiera ver tampoco toda esta porquería de mundo en la que me encuentro viviendo. Puedo ver las escorias disfrazadas, se ven mejor, pero no dejo de saber que es eso, disfraces, abajo hay mierda, y lo sé, lo saben todos, odio no poder hacer más que aceptarlo, no puedo auto engañarme.
Se me acabó la paciencia para querer lo que no me quiere.
Se me acabó la paciencia para creer en lo que no existe.
Siempre me gustó beber. Me hace dejar de pensar demasiado y ser un monstruo guiado simplemente por mis impulsos más ocultos. Me gusta todo lo que hace que me pierda en mi mente, un sitio que últimamente me gusta más que lo que hay por fuera, lo único malo que tiene mi mente, estar demasiado contaminado con lo que respiro en mi entorno.
¿Motivos para vivir?
El amor... ¿qué podría decir de esto? La mayor satisfacción del amor es que te amen. Lo que me mantiene viva, es que me necesiten, que me extrañen, ser la razón de alguien, ser la perfección para alguien. Pero yo no siento nada, y lloro, me desespero y sufro, porque odio, odio y detesto cuando alguien que me quiere deja de hacerlo, no sucede aún, pero no quiero que nadie me supere. Quiero extender mi vida y que viva mi fuego como una llama incandescente en el corazón de mucha gente. Eso es lo que le da vida a mi vida. Quiero que me amen porque yo no siempre quiero amarme. Narcisista, solo soy narcisista y no soporto no ser importante, aunque si tan solo pudiera ser todo al menos para mí misma, ¡al diablo todos! Me quedo sola, moriría en una maldita cueva, sin nadie que me lleve ni una flor. Solo puedo llamarle amor a aquel sentimiento que se da porque si, inevitable, ese que se le tiene a contadas personas, quizá en las familias, aunque no en todas. Los padres muchas veces son los únicos que llegan a experimentar lo que realmente es el amor. Pero el mundo se vuelve una mierda cuando sabes que a veces, ni si quiera estos seres, los padres, pueden ser capaces de sentirlo. El mundo apesta.
¿Motivos para vivir?
¿Dios? ¿Qué es eso? Siempre he creído, que el universo es demasiado y terriblemente grande como para que su origen y sentido sea una explicación tan estúpida y simple como un simple sujeto que se encarga de todo. ¿De verdad vivo entre tanta gente extremadamente imbécil, que es incapaz de darse cuenta en que creen en una tontería y se cierran las puertas para conocer más? Se lavan su propio cerebro con cosas demasiado incoherentes e ilógicas, que simplemente son eufemismos para no herirse su mayor cualidad humana: Los sentimientos. Lo que nos hace humanos, es sentir. Los humanos somos emociones e intelecto. Pero si el intelecto sobrepasa las emociones, es aún más poderoso, porque las mata por completo, y te quedas así, muerto, como una máquina pesimista, duro como roca. El intelecto trabaja poco a poco, hasta demostrarte que los sentimientos no existen, no son reales, tú los creaste. Todo es más frío y simple de lo que crees.
¿Motivos para vivir?
Ninguno, vas a morir y ni si quiera sabes a donde irás.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Azúcar que hierve.
¿Sabes que me aterra más que perderte?
Saber que quizá nunca vuelva a sentir la fascinante sensación de amar a alguien.
Saber que quizá nunca vuelva a abrazar como a ti te abrazaba.
Saber que tal vez nunca vuelva a besar a alguien con tanta ternura.
Saber que nadie volverá a hacerme volar.
Extrañaré ver de cerca el carmín de tus labios tersos.
Entrelazar mis dedos con los tuyos.
Cada poro de mi piel parecía ser un sensor que no solo sentía tu roce, sentía todo tu ser.
Nunca había sentido con nadie nada más que el tacto.
El amor inconexo.
Nítida sensación predilecta y discontinua, como todas las cosas buenas de la vida.
Quisiera pensar que hoy es la última vez que te escribo.
Quisiera sanar y que no aparezca tu recuerdo cuando lea un poema.
No quiero volver a ver ni si quiera este texto nunca más.
Quiero saber el antídoto para sanar mi alma.
Sabía que el amor maravilloso no era gratuito.
Sabía que me cobraría todo con lágrimas y con dolor taladrando mi pecho.
Me queda pensar, que al estar lejos, quizá ya no te ame.
Pero a tu dulce recuerdo nunca podré dejar de amar.
Ese nunca será opacado ni por el dolor de tu partida.
Quisiera que nunca volvieras a mi vida,
porque la mueves como si fueras huracán.
Tu recuerdo sigue y seguirá doliendo.
Tú aparecerás como prototipo si es que alguna vez alguien trata de enamorarme.
Tú serás la meta que quiero alcanzar si me vuelvo a enamorar.
Tu recuerdo es luz.
Tu recuerdo se simboliza en mi mente con colores brillantes.
Tan hermoso que duele querer sentirlo de nuevo y no poder.
Siempre estaré enamorada de tu recuerdo.
Nunca me arrepentiré de haberte conocido.
Tu ser me hizo sentir lo que siempre hubiera querido.
El amor es simplemente lo mejor de esta vida.
Es la luz en la penumbra,
Es la esperanza en la catástrofe,
Es el sedante de mi alma turbia.
Y puedo morir feliz, porque al menos tuve la oportunidad de sentirlo alguna vez.
Podría decirte que te amo tanto que deseo que alguna vez sientas por alguien lo que yo te hice sentir.
Pero no quiero ni pensar en que alguien se lleve un pedazo de mi vida.
Puedo decirte que prefiero verte desaparecer a ver que alguien es feliz con algo que era mío.
Quiero dejar de amarte a ti y quedarme amando tu recuerdo.
Depender de otro es lo peor que pudo sucederme.
Es frustrante no poder controlarte.
Quiero que desaparezcas para poder quererte solo como un pensamiento.
Creo que prefiero morir de amor que vivir por nada.
Saber que quizá nunca vuelva a sentir la fascinante sensación de amar a alguien.
Saber que quizá nunca vuelva a abrazar como a ti te abrazaba.
Saber que tal vez nunca vuelva a besar a alguien con tanta ternura.
Saber que nadie volverá a hacerme volar.
Extrañaré ver de cerca el carmín de tus labios tersos.
Entrelazar mis dedos con los tuyos.
Cada poro de mi piel parecía ser un sensor que no solo sentía tu roce, sentía todo tu ser.
Nunca había sentido con nadie nada más que el tacto.
El amor inconexo.
Nítida sensación predilecta y discontinua, como todas las cosas buenas de la vida.
Quisiera pensar que hoy es la última vez que te escribo.
Quisiera sanar y que no aparezca tu recuerdo cuando lea un poema.
No quiero volver a ver ni si quiera este texto nunca más.
Quiero saber el antídoto para sanar mi alma.
Sabía que el amor maravilloso no era gratuito.
Sabía que me cobraría todo con lágrimas y con dolor taladrando mi pecho.
Me queda pensar, que al estar lejos, quizá ya no te ame.
Pero a tu dulce recuerdo nunca podré dejar de amar.
Ese nunca será opacado ni por el dolor de tu partida.
Quisiera que nunca volvieras a mi vida,
porque la mueves como si fueras huracán.
Tu recuerdo sigue y seguirá doliendo.
Tú aparecerás como prototipo si es que alguna vez alguien trata de enamorarme.
Tú serás la meta que quiero alcanzar si me vuelvo a enamorar.
Tu recuerdo es luz.
Tu recuerdo se simboliza en mi mente con colores brillantes.
Tan hermoso que duele querer sentirlo de nuevo y no poder.
Siempre estaré enamorada de tu recuerdo.
Nunca me arrepentiré de haberte conocido.
Tu ser me hizo sentir lo que siempre hubiera querido.
El amor es simplemente lo mejor de esta vida.
Es la luz en la penumbra,
Es la esperanza en la catástrofe,
Es el sedante de mi alma turbia.
Y puedo morir feliz, porque al menos tuve la oportunidad de sentirlo alguna vez.
Podría decirte que te amo tanto que deseo que alguna vez sientas por alguien lo que yo te hice sentir.
Pero no quiero ni pensar en que alguien se lleve un pedazo de mi vida.
Puedo decirte que prefiero verte desaparecer a ver que alguien es feliz con algo que era mío.
Quiero dejar de amarte a ti y quedarme amando tu recuerdo.
Depender de otro es lo peor que pudo sucederme.
Es frustrante no poder controlarte.
Quiero que desaparezcas para poder quererte solo como un pensamiento.
Creo que prefiero morir de amor que vivir por nada.
martes, 9 de diciembre de 2014
La navaja.
''Auto lesiones: Hablando de un problema del pasado, que literalmente me dejó llena de cicatrices''
¿Por qué me hago esto? Muchas razones, que quizá no signifiquen nada para la gente que no siente perder el control de su cuerpo. Quizá sean razones idiotas para todos aquellos que no han sentido que tienen una energía demoníaca atrapada dentro de su pecho. Es fácil decir que es un acto sin sentido, pero difícil es imaginar lo que la mente experimenta en el momento que tomas esa maldita navaja.
Antes de sentir la embriagante sensación de abrir mi piel con un cutter, yo igual creía que había una razón para hacerlo, pero también me parecía algo inútil, es decir, para mí existían los atracones y los vicios, no necesitaba cortarme para sentirme mejor. Sin embargo, sin tener ninguna, pero ninguna intención de meterme en eso, un día sentí la necesidad de herirme.
Estaba tan enojada. Tan impotente, tenía tanta rabia, llegué a casa tan desesperada, tan enojada, que le grité a todos y agrandé mi problema e hice explotar mi frustración, yo misma puse ahí la gota para que el vaso se derramara, ¿Qué hice? Correr a mi cuarto sin poder gritar. Vaya, mi padre siempre hiriendo y pensando que tiene la razón en todo y yo sin poderle gritar lo que está sucediendo. Si estuviese sola, estaría aullando de coraje, estaría arrojando todos los objetos de mi cuarto, pero no puedo, ¡quisiera tener a alguien a quién patearle la cara y golpear hasta cansarme! Mis manos tiemblan de ira. ¿Qué hago con esta furia arrolladora que me está quemando por dentro? ¿Llorar? Basta de llorar. Eso solo me hace sentir más pequeña y amarga ¿Qué hago con este terrible sentimiento que no puedo desvanecer y que no sé como controlar? Necesito hacer daño. Necesito hacerme daño, porque estoy sola, y si quiero hacer daño y solo me tengo a mi, no hay remedio. A mi me toca el castigo.
Con ansiedad, muerdo el rastrillo, saco una de sus filosas hojas y sin pensarlo, la pasé con fuerza sobre mi piel, unas dos veces. La sangre brotó. Se siente menos peso ahora, pero necesito más, y de nuevo deslicé la navaja en mi antebrazo. Qué risa me dio ver esas heridas. ¡Ni si quiera siento dolor! Solo veo sangre, roja, intensa y brillante. Tibia y maravillosa, se coagula en el suelo y parece una hermosa gelatina luminosa y con olor metálico. Es hermoso. El insoportable sentimiento de cólera y tristeza que sentía en el pecho, era como una inmensa nube de humo, que fue saliendo corte tras corte, y la sentí, sentí como si una bocanada de aire pesado y doloroso, saliera por mi boca, me hacía suspirar, ahora mi pecho ya no se sentía adolorido, ahora se sentía tan ligero, con tanta paz, mis lágrimas ya han cesado y tranquila, me limito a observar la sangre secar, con los audífonos puestos.
A las pocas horas del incidente, me di cuenta de que actúe como nunca pensé llegar a actuar. Miraba mis cortes, profundos y largos, de los cuales podía observarse por dentro una capa de grasa amarilla. ¿Como pudiste hacerte esto? Es atroz. Solo esto te faltaba. No hay vuelta atrás, y lo que ayer pensabas horrible, hoy ya no sientes nada, y me dije a mi misma; ¿ves? Todo pasó y hubiera pasado, con, o sin cortes. Pero no, ahora recordarás esa crisis por mucho tiempo, cada vez que mires ese brazo, cada vez que elijas tu ropa del día y que tengas que usar forzosamente mangas largas, ahora decidiste morir de calor con un sueter encima, porque si te lo quitas, todos verán que no eres tan normal como creen. Vendrán y harán preguntas. Irán a contarles a todos. Querrán darte consejos. Te darán su serie de estúpidas opiniones que tanto odias, hablarán sin saber, como siempre lo hacen, y no puedes defender tus patéticos argumentos, ¿por qué? Porque tú te destrozas el cuerpo. Tú eres la loca. Tú definitivamente eres quien está mal, desde el punto donde lo veas. ¿No te sientes mal de ver como dejaste tus propios brazos? ¿No te parece irónico que te esfuerces por lucir bien, pero a su vez te arruines el cuerpo, tú misma y de una manera tan insensata? Vives buscando estar feliz, y con esto que haces, solo logras hundirte más, pobrecitos brazos, pobre de tu piel tan suave, pobre de tu cuerpo, tus brazos, quienes han sido tu sostén para realizar todas las actividades que te hacen sentir viva, ¿no te parece que han hecho suficiente por ti? No merecen semejante maltrato. No deberías hacer mierda las cosas buenas que te quedan. Ellos no tienen la culpa de tu mente tan turbia y tus impulsos del demonio.
Y después de cada maldita crisis, todo eso que pensé antes se desvanece. Y el problema actual es el que ocupa todo, me hace olvidarme de las cosas que valen la pena, me hace olvidar mis propósitos, mis razones para quererme y mis motivos y metas para ser feliz, todo eso parece evaporarse de mi mente y los pensamientos negativos regresan y no puedo más, siento que mi pequeño y estúpido mundo se vuelve a caer en pedazos, siento que no puedo soportar ese demonio y fantasma asesino que se adueña de mi cuerpo y de mi cabeza, quien vuelve a presionar mi pecho y me cierra los ojos y pierdo la razón. Porque, desgraciadamente ya he probado varias veces el regocijo extraño y anormal que uno siente cuando se hiere a si mismo. Sé que esa es la solución para eliminar esta maldita sensación y mi sed de violencia. Y vuelvo a caer, y lo vuelvo a hacer, y al siguiente día, vuelvo a sentir pena y tristeza de mi propio comportamiento, y me asusta ver como ni mi peor enemigo me ha herido tanto como yo lo he hecho, y de saber que no estoy segura ni si quiera estando completamente sola, y descubrir lo poco que cuido de mi, y lo dura que soy conmigo. Me rompe el alma. ¿Como podría confiar en alguien entonces, si ni yo misma soy buena con mi persona? ¿Cómo pensar que algún día alguien va a quererme, si ni yo misma puedo amarme? Definitivamente, si alguien te viera en ese estado de locura, con la cara cubierta de sangre y de lágrimas, simplemente salen corriendo, te buscan un doctor, o no sé, huyen, ¿quién querría meterse a la boca del lobo? Nadie tolerara estas estupideces, ni si quiera yo me tolero, y eso me hace pensar que merezco más castigos.
Este si que era un problema que definitivamente me causaba mucha angustia y tristeza. No era absolutamente nada lindo al final. Era algo que me llenaba de vergüenza y de miedo. ¿Para qué marcar mis brazos de esa manera? Era como tener un letrero que dijera que soy débil, tonta y suicida. Esas son cosas que los malditos de mi alrededor no tienen por que saber, no es de su incumbencia. Algo que me partía y que tendría que ocultar. Una forma de hacerle honor a mis malos momentos, al grado de dejarlos grabados en mi piel. ¿Para qué? Esos desgraciados sucesos no merecen un monumento, no merecen quedarse plasmados y recordar mis penas cada vez que los miro. Los sentimientos negativos, deben olvidarse para ya no ser tomados en cuenta, tienen que desvanecerse también, como todos las demás emociones. Tienen que desvanecerse, tal y como lo hace la felicidad.
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